{"id":2889,"date":"2016-12-22T17:22:07","date_gmt":"2016-12-22T17:22:07","guid":{"rendered":"http:\/\/caumas.org\/revista\/?p=2889"},"modified":"2016-12-22T17:28:02","modified_gmt":"2016-12-22T17:28:02","slug":"el-deber","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/caumas.org\/revista\/el-deber\/","title":{"rendered":"El deber"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_column_text]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]<\/p>\n<h1 style=\"text-align: justify;\">El\u00a0deber<\/h1>\n<p>[\/vc_column_text][vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;]<div class=\"hr-thin style-line\" style=\"width: 100%;border-top-width: 1px;\"><\/div><div class=\"gap\" style=\"line-height: 30px; height: 30px;\"><\/div>[vc_row_inner][vc_column_inner width=&#8221;1\/6&#8243;][vc_single_image image=&#8221;1673&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; style=&#8221;vc_box_rounded&#8221; css_animation=&#8221;fadeInLeft&#8221;][\/vc_column_inner][vc_column_inner width=&#8221;5\/6&#8243;][vc_column_text]<strong>D. MANUEL P\u00c9REZ VILLANUEVA<\/strong><strong>.<br \/>\n<\/strong>Especialista en Salud Mental y aplicaci\u00f3n a la Cl\u00ednica de las Ciencias Humanas y Sociales[\/vc_column_text][\/vc_column_inner][\/vc_row_inner][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space][vc_column_text]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A menudo observamos entre los animales conductas realizadas a favor de un individuo de las cuales no se deriva directamente beneficio alguno para su ejecutor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El despiojarse de los monos, por ejemplo, o la actuaci\u00f3n de las termitas ante el derrumbamiento de su galer\u00eda, que taponar\u00e1n los huecos con sus cuerpos, los cuales, as\u00ed expuestos a la luz, fenecer\u00e1n, por no citar pr\u00e1cticas de ratones, chimpanc\u00e9s o elefantes, observadas bajo experimentaci\u00f3n, que dejan patente la ejecuci\u00f3n por parte de los mismos de comportamientos de cooperaci\u00f3n,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los bi\u00f3logos y et\u00f3logos bien pronto nos hacen ver c\u00f3mo, por muy emp\u00e1ticas que tales conductas nos parezcan, no se esconde en ellas prueba alguna de afecto desinteresado o de espont\u00e1nea simpat\u00eda, sino que se trata mas bien de pragm\u00e1ticas acciones que han decantado evolutivamente entre los miembros de la especie por puro beneficio grupal y, por ende, individual, siendo la evoluci\u00f3n la encargada de privilegiar la pervivencia de las colectividades que realizan determinadas acciones, la cuales, aun cuando en ocasiones y a primera vista no parecen reportar un beneficio inmediato al citado individuo, s\u00ed lo reportan a la especie, una especie que en adelante se compondr\u00e1 principalmente de ejemplares detentadores de tales conductas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es evidente que dicho modo de actuar se encuentra en la base de gran parte del comportamiento humano, si bien la capacidad de pensar del hombre, y de pensar sobre su conducta y sus consecuencias, pronto hace que lo que en principio pudiera se\u00f1alarse como puro automatismo biol\u00f3gico, pronto se abra en un complejo abanico de posibilidades susceptible de ser afrontado de m\u00faltiples formas, con lo cual y por darse en el ser humano la conducta de elegir, aparece la cuesti\u00f3n del deber acerca de los propios actos e incluso la problem\u00e1tica de la controvertida libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es cierto que siempre elegimos aquello que m\u00e1s nos refuerza. Pero tambi\u00e9n es cierto que las vicisitudes y los diversos intervinientes a que estamos sujetos hacen cambiar lo que m\u00e1s nos refuerza. Y como muchas de esas vicisitudes y de esos intervinientes son promovidos por nosotros mismos, se genera as\u00ed un circulo de interacciones que nos permite hablar, a la hora de la praxis y a efectos operativos, de una cierta libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><style type=\"text\/css\" data-type=\"the7_shortcodes-inline-css\">.shortcode-single-image-wrap.shortcode-single-image-d577d3d60eed1187074cd547b373ed14.enable-bg-rollover .rollover i,\n.shortcode-single-image-wrap.shortcode-single-image-d577d3d60eed1187074cd547b373ed14.enable-bg-rollover .rollover-video i {\n  background: ;\n  background: -webkit-linear-gradient();\n  background: linear-gradient();\n}\n.shortcode-single-image-wrap.shortcode-single-image-d577d3d60eed1187074cd547b373ed14 .rollover-icon {\n  font-size: 32px;\n  color: #ffffff;\n  min-width: 44px;\n  min-height: 44px;\n  line-height: 44px;\n  border-radius: 100px;\n  border-style: solid;\n  border-width: 0px;\n}\n.dt-icon-bg-on.shortcode-single-image-wrap.shortcode-single-image-d577d3d60eed1187074cd547b373ed14 .rollover-icon {\n  background: rgba(255,255,255,0.3);\n  box-shadow: none;\n}\n<\/style><div class=\"shortcode-single-image-wrap shortcode-single-image-d577d3d60eed1187074cd547b373ed14 alignright fadeInRight animate-element  enable-bg-rollover dt-icon-bg-off\" style=\"margin-top:10px; margin-bottom:0px; margin-left:10px; margin-right:0px; width:300px;\"><div class=\"shortcode-single-image\"><div class=\"fancy-media-wrap\" style=\"\"><a class=\"layzr-bg rollover rollover-zoom dt-pswp-item pswp-image\" href=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Colaboracion-05.jpg\" title=\"\" data-dt-img-description=\"\" data-large_image_width=\"300\" data-large_image_height = \"0\"  style=\"\"><img decoding=\"async\" class=\"lazy-load\" src=\"data:image\/svg+xml;charset=utf-8,%3Csvg xmlns%3D&#039;http%3A%2F%2Fwww.w3.org%2F2000%2Fsvg&#039; viewBox%3D&#039;0 0 300 0&#039;%2F%3E\" width=\"300\" dt-data-location=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Colaboracion-05.jpg\" data-srcset=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Colaboracion-05.jpg 300w\" data-src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Colaboracion-05.jpg\" \/><\/a><\/div><\/div><\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un novio sacrifica su vida por el bien de su amada, una madre se queda sin comer por que pueda hacerlo su hijo, un individuo aclamado por la multitud realiza un acto heroico inesperado en \u00e9l, lo cual enardece todav\u00eda m\u00e1s a sus admiradores, un transe\u00fante da una limosna a un mendigo que le impresiona o que le cae simp\u00e1tico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son todos actos promovidos por la emoci\u00f3n y el sentimiento. Y es esa emoci\u00f3n y ese sentimiento lo que la naturaleza ha procurado que permanezca ah\u00ed a fin de promover las conductas que mantengan en pie a la especie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kant, sin embargo, racionalizador m\u00e1ximo, no nos habl\u00f3 de compasi\u00f3n, ni de simpat\u00eda, ni siquiera de amor, sino de deber.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El m\u00e9dico que impert\u00e9rrito y sin el menor tinte de sentimentalismo atiende a las v\u00edctimas de una epidemia en medio de una ciudad de la que todos han huido, haci\u00e9ndolo tan s\u00f3lo porque es m\u00e9dico, el soldado que avanza en solitario hacia un puesto de ametralladoras porque su capit\u00e1n as\u00ed se lo ha ordenado, el bombero que no duda en adentrarse en un edificio en llamas con la naturalidad con la que un empleado de oficina se sienta cada d\u00eda en su puesto, el fontanero que introduce sus manos en nauseabundos recovecos, el capit\u00e1n que ni se para a pensar si debe ser el \u00faltimo en abandonar el barco cuando este zozobra, el polic\u00eda que, ante una ofensa a tercero, se enfrenta con un v\u00e1ndalo que le supera en fuerza sin necesidad de que la rabia lo impulse, el forense que sin alharacas mueve y remueve materiales que a muchos har\u00edan vomitar, el empleado de una central nuclear que se mantiene en su puesto mientras un escape posiblemente peligroso no queda controlado\u2026, es posible que todas esas conductas deriven de iniciales pautas establecidas por nuestros genes y mantenidas por el proceso evolutivo, pero desde luego estamos aqu\u00ed ante algo muy diferente a lo que la emoci\u00f3n, la empat\u00eda, el sentimentalismo o las pautas biol\u00f3gicas, pueden explicarnos, aparte de que explicar una derivaci\u00f3n no aclara del todo una conducta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed hace falta algo m\u00e1s, algo espec\u00edfico del hombre que es nuevo en el proceso general de la naturaleza; aqu\u00ed no intervienen las \u201cneuronas espejo\u201d, no puede hablarse de la compasi\u00f3n de Schopenhauer ni del reflujo de favores que pueda reportarnos el individuo o los individuos beneficiados por nuestra acci\u00f3n; aqu\u00ed no podemos tirar del sentimiento, del instinto, de la piedad o de la misericordia, para dar cuenta de por qu\u00e9 se producen tales modos de obrar en las circunstancias que los demandan y en la forma en que se producen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed se trata sencillamente del deber.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00e9ptico y aparentemente fr\u00edo, austero y sin necesidad de apelaci\u00f3n a premio o a castigo, a m\u00e9rito o a dem\u00e9rito, cotidiano y por veces inadvertido, rutinario a menudo, an\u00f3nimo en muchas ocasiones, as\u00ed es c\u00f3mo se desarrolla y c\u00f3mo se decanta d\u00eda tras d\u00eda en miles de millones de actos importantes o sencillos esparcidos sobre la faz de la tierra el cumplimiento del deber.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2894 size-full aligncenter\" src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Colaboracion-06.jpg\" width=\"762\" height=\"75\" srcset=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Colaboracion-06.jpg 762w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Colaboracion-06-300x30.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 762px) 100vw, 762px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por deber act\u00faa el hombre m\u00e1s all\u00e1 de cuanto la naturaleza le obliga a hacer por medio de los sentimientos de empat\u00eda que en \u00e9l implanta, con lo cual la acci\u00f3n ben\u00e9fica de sus actos se ejecuta sin elecci\u00f3n y de modo no selectivo, cual si el rostro de ese ser que otrora causaba nuestra simpat\u00eda o nuestra inclinaci\u00f3n disparadora de la acci\u00f3n propicia, pasase a ser ahora reemplazado por la abstracta sociedad en conjunto, la cual se trasluce as\u00ed en cada sujeto como si \u00e9ste fuese tan s\u00f3lo su puntual representante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo esto as\u00ed, sin duda alguna el ejercicio puro y simple del deber est\u00e1 muy por encima, en cuanto a m\u00e9rito, a evoluci\u00f3n y a eficacia, de todo acto realizado por el acicate del instinto, de la emoci\u00f3n, la misericordia o la piedad, porque \u00e9ste \u00faltimo nace de nuestro cerebro m\u00e1s primitivo y en parte es compartido por nosotros con los animales, por mucho desarrollo que alcance su manifestaci\u00f3n en el ser humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el cumplimiento del deber s\u00f3lo puede salir de la raz\u00f3n y haber sido encastrado en nuestro comportamiento por medio de una parsimoniosa forma de moldeado a la que s\u00f3lo puede someternos la sociedad humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tres personas se hayan en la habitaci\u00f3n de un enfermo.<br \/>\nEl m\u00e9dico entra y declara que la enfermedad que tiene el paciente es altamente infecciosa y con una tasa elevad\u00edsima de mortalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante esto, una de las tres personas, un amigo del diagnosticado, abandona la habitaci\u00f3n entre disculpas, alegando a que en su casa hay ni\u00f1os, que trabaja en un colegio&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La otra, que es la madre del enfermo, entre sollozos y emocionados gestos de angustia, declara que, a pesar de cuanto peligro pueda haber, en ning\u00fan momento dejar\u00e1 solo a su hijo, por lo que permanecer\u00e1 a su lado, en la habitaci\u00f3n, todo el tiempo que sea necesario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tercera persona no dice nada. Apenas si se la nota. Est\u00e1 al fondo de la habitaci\u00f3n doblando gasas y regulando un gotero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal persona no cuestiona nada, no tiene que prometer cosa alguna, disculparse o tomar \u00e9sta o aquella decisi\u00f3n; no se inmuta ni deja traslucir ninguna emoci\u00f3n o sentimiento. Simplemente est\u00e1 all\u00ed y cumplir\u00e1 fielmente con lo que, a cada instante, el m\u00e9dico le ordene que haga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tercera persona ni siquiera es importante, se trata simplemente de una enfermera en su puesto de trabajo. Se trata de una persona actuando por deber.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>D. Manuel P\u00e9rez Villanueva<\/strong><\/p>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]<\/p>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_column_text] [\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text] El\u00a0deber [\/vc_column_text][vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;][vc_row_inner][vc_column_inner width=&#8221;1\/6&#8243;][vc_single_image image=&#8221;1673&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; style=&#8221;vc_box_rounded&#8221; css_animation=&#8221;fadeInLeft&#8221;][\/vc_column_inner][vc_column_inner width=&#8221;5\/6&#8243;][vc_column_text]D. MANUEL P\u00c9REZ VILLANUEVA. 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