{"id":4601,"date":"2019-04-08T18:02:28","date_gmt":"2019-04-08T18:02:28","guid":{"rendered":"http:\/\/caumas.org\/revista\/?p=4601"},"modified":"2019-04-08T18:02:28","modified_gmt":"2019-04-08T18:02:28","slug":"audema-ruta-montrebei-montfalco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/caumas.org\/revista\/audema-ruta-montrebei-montfalco\/","title":{"rendered":"AUDEMA &#8211; Ruta Montrebei &#8211; Montfalc\u00f3"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;4602&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; css_animation=&#8221;fadeInDown&#8221;][vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a class=\"dt-single-image\" href=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-03.jpg\" data-dt-img-description=\"\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-4603 alignleft\" src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-03-300x171.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"171\" srcset=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-03-300x171.jpg 300w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-03-768x438.jpg 768w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-03-1024x584.jpg 1024w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-03.jpg 1330w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Son dos rutas lineales que pueden recorrerse seguidas al estar enlazadas por una pasarela que cruza el embalse de Canelles sobre el r\u00edo Noguera Ribagorzana, que corta la sierra del Montsec, primera formaci\u00f3n del Prepirineo en la zona, y que separa Arag\u00f3n y Catalu\u00f1a. Comenzamos la ruta en el aparcamiento de La Masieta, cerca de Puente de Monta\u00f1ana, en la margen izquierda, vigilado al otro lado del r\u00edo, en Arag\u00f3n, por el castillo muerto de Chiriveta, el vigilante del Congosto, cercano a la rom\u00e1nica ermita de Nuestra Se\u00f1ora del Congosto, ambos del s. XI, que constituyen un oasis de arte en un desierto de piedra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de dos kil\u00f3metros por campo abierto, se cruza un puente colgante, de silueta gr\u00e1cil y firme, que se bambolea al pasar, se contin\u00faa por un trecho con mal piso, de pasos tropezantes, y se entra en este mundo vertical, con los tonos grises de la caliza punteados del verde de alguna planta y animados por el atractivo verde del r\u00edo. El desfiladero de Mont-rebei es un ca\u00f1\u00f3n de hasta 500 m de altura en algunos puntos y con lugares donde la anchura no pasa de 20 m. Un camino de herradura excavado en la roca caliza, con pasamanos y miradores, lo atraviesa cruzando un h\u00e1bitat ideal para rapaces y con nutrias en el r\u00edo. La vegetaci\u00f3n se compone de robles en las umbr\u00edas y la t\u00edpica mediterr\u00e1nea (encina, boj, matorral) en las solanas. Este tramo es llano y casi recto, con algunos bancos para disfrutar de unas vistas inmejorables mientras nos embarga un placentero sentimiento de libertad e independencia, de ausencia de ataduras, y un escalofr\u00edo emotivo recorre la piel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a class=\"dt-single-image\" href=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-02.jpg\" data-dt-img-description=\"\"><img decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-4604 alignright\" src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-02-300x168.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"168\" srcset=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-02-300x168.jpg 300w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-02-768x430.jpg 768w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-02-1024x574.jpg 1024w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-02.jpg 1335w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>El valle vuelve a abrirse y aparecen de nuevo las encinas y el boj mientras el sendero asciende y permite divisar las pasarelas al otro lado del r\u00edo. La vista va despejando el camino con anticipaci\u00f3n. La senda acosada por el bosque; el muro verde del bosque limita la vereda \u2013los \u00e1rboles hijos de la roca- hasta que la trocha se precipita hacia el puente colgante que cruza el Congost de Seguer, de 35 m de anchura. Estamos en el l\u00edmite entre L\u00e9rida y Huesca, a unos 4,5 kil\u00f3metros de recorrido. Es el r\u00edo de la civilizaci\u00f3n, antes abierto, ahora cerrado. M\u00e1s abajo se ha puesto fin a su bravura, se han domado sus rebeldes e ind\u00f3mitas aguas, le han cambiado su car\u00e1cter y personalidad al perder su br\u00edo. Pero el r\u00edo, torturado por los riscos, consum\u00f3 su victoria sobre la roca. La suavidad l\u00edquida del r\u00edo, su lent\u00edsimo pulimento, labr\u00f3 esta estrechura entre las pe\u00f1as demostrando la fuerza tel\u00farica del mundo fluvial. Las, ahora, tranquilas aguas copian los paredones calizos que las aprisionan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Separadas por el r\u00edo y unidas por el puente, as\u00ed est\u00e1n las dos partes del recorrido. Entramos en la segunda, en Huesca. La trocha, apenas abandona el puente, se encrespa, coge fuerzas y comienza a trepar hacia la cima acompa\u00f1ada de su escolta vegetal. La caliza del suelo est\u00e1 desgastada por el paso y resbala en las duras rampas hasta las primeras escaleras. Es un tramo de 50 m de desnivel, recorrido por tramos de rampa y otros de escalera que zigzaguean adosados a la pared. Tras un bien marcado sendero, entre vegetaci\u00f3n arbustiva y algo de arbolado, se llega al siguiente tramo, de 33 m de desnivel, con la particularidad de que es lineal y curvo, por lo que no se ve todo el recorrido. Abajo se recupera el sendero del que quedan unos dos kil\u00f3metros hasta el refugio. El regreso se hace por el mismo sendero, pose\u00eddos por la presencia rocosa en una experiencia arrebatadora, m\u00edstica, sintiendo una especie de crepitaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tratando de no sobrepasar las restricciones del cuerpo y las leyes de la f\u00edsica, con estoica serenidad, atacamos las escaleras al contrario que a la ida. La vista desde abajo es impresionante. Con una excitaci\u00f3n cercana a la euforia, con el ser convertido en un v\u00e9rtigo y una antorcha, ascendemos con lentitud geol\u00f3gica, cruz\u00e1ndonos en los rellanos con las personas que bajan, con la sombra aplastada contra la roca. La subida ocupa el pensamiento. La escalera se resiste con la perseverancia de las cosas inertes. Las tensiones de la voluntad se manifiestan en esta especie de ritual de autoinmolaci\u00f3n y la sangre recorre el camino de las venas. En lo alto, el coraz\u00f3n salta en el pecho mientras echamos miradas de \u00e1guila atalayando el r\u00edo, en este di\u00e1logo entre las personas y el espacio con la b\u00f3veda del cielo como techumbre. Hemos perdido todo v\u00ednculo con el tiempo y la realidad. Estamos entregados al presente. \u201cTodo parece ahora eterno\u201d (Shelley). Son instantes totalmente desligados del antes y del despu\u00e9s. Incluso se siente la tentaci\u00f3n del vac\u00edo: \u201cCuando miras al abismo, el abismo te mira\u201d (Nietzsche).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a class=\"dt-single-image\" href=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-05.jpg\" data-dt-img-description=\"\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-4605 alignleft\" src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-05.jpg\" alt=\"\" width=\"371\" height=\"463\" srcset=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-05.jpg 600w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/AUDEMA-05-240x300.jpg 240w\" sizes=\"(max-width: 371px) 100vw, 371px\" \/><\/a>La monta\u00f1a achica a las personas, que s\u00f3lo se engrandecen cuando pisan su cumbre. El oleaje humano est\u00e1 sentado a la sombra, en un silencio de asombro, lleno de pensamientos y cargado de expectaci\u00f3n. Somos esp\u00edritu y materia, optimismo y cansancio, pero la luz que nos ilumina puede m\u00e1s que las exigencias corporales a las que est\u00e1 esclavizado el ser humano. Desde arriba se aprecia la arquitectura rudimentaria del imponente farall\u00f3n calizo cruzado de escaleras y la agreste belleza del valle. La realidad de estos instantes no cabe en las palabras, porque es m\u00e1s bella que la imaginada. Esta percepci\u00f3n visual que nos tiene absortos, cerradas las compuertas de los dem\u00e1s sentidos, contiene la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por las laderas pedregosas trepan reba\u00f1os de encinas mientras la grieta del Congosto avanza hacia nosotros, con tonos amarillos y anaranjados m\u00e1s vivos. En las pac\u00edficas aguas del embalse destacan los colores chillones de las piraguas que navegan cerca del sendero primitivo, semicubierto por las aguas. En alg\u00fan punto, avanzamos con una respiraci\u00f3n que levanta el pecho, con el coraz\u00f3n desordenado e independiente de la voluntad, antes de entrar de nuevo en el tajo de piedra, el insospechado abismo, la imponente depresi\u00f3n del valle. Es la apoteosis geol\u00f3gica del ca\u00f1\u00f3n. El paisaje no puede ser m\u00e1s recortado y el paisaje, sostenido por la osamenta de las rocas, m\u00e1s abrupto. Recorriendo los bordes del precipicio, avanzando con pasos cuidadosos, se siente el \u00edmpetu geol\u00f3gico de la serran\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La severa austeridad y magnificencia de las desnudas rocas constituye el epicentro de un mundo quebrado, de belleza asc\u00e9tica. La verdad de la piedra de este paisaje con cuerpo de roca evoca ancestrales impulsos, viejos e imperecederos ritos alentados por la espiritualidad de la monta\u00f1a. Aqu\u00ed puede leerse la lecci\u00f3n eterna de la Naturaleza, una naturaleza escarpada que se despe\u00f1a por el Congosto. Se dice que la mayor prueba de la aut\u00e9ntica grandeza del hombre est\u00e1 en su capacidad de percibir su propia peque\u00f1ez, que la capacidad de comparaci\u00f3n es en s\u00ed misma una prueba de nobleza. Esto es lo que se siente en el desfiladero. Volvemos fatigando los confines del valle. La serenidad mineral de la zona contrasta con nuestra alegr\u00eda y cansancio: la materia y la energ\u00eda, lo inerte y lo activo. Hemos realizado un sue\u00f1o a medida de nuestros deseos, hemos caminado el sendero del esfuerzo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los sue\u00f1os, como las viejas historias, no se agotan. Es cierto que el cuerpo guarda la memoria de la edad, pero estas rutas est\u00e1n al alcance de muchas personas, no s\u00f3lo de las que parece que hemos sufrido alg\u00fan disturbio cerebral. No podemos ser pasado en vida. \u201cLos cobardes mueren muchas veces antes de perder la vida. Los valientes no experimentan la muerte sino una vez\u201d (Shakespeare, Julio C\u00e9sar).<\/p>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_single_image image=&#8221;4602&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; css_animation=&#8221;fadeInDown&#8221;][vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text] Son dos rutas lineales que pueden recorrerse seguidas al estar enlazadas por una pasarela que cruza el embalse de Canelles sobre el r\u00edo Noguera Ribagorzana, que corta la sierra del Montsec, primera formaci\u00f3n del Prepirineo en la zona, y que separa Arag\u00f3n y Catalu\u00f1a. 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