{"id":4679,"date":"2019-06-15T07:52:16","date_gmt":"2019-06-15T07:52:16","guid":{"rendered":"http:\/\/caumas.org\/revista\/?p=4679"},"modified":"2019-06-15T07:56:21","modified_gmt":"2019-06-15T07:56:21","slug":"shakura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/caumas.org\/revista\/shakura\/","title":{"rendered":"SHAKURA"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_column_text]<\/p>\n<h2 style=\"text-align: left;\">SHAKURA<\/h2>\n<p>[\/vc_column_text]<div class=\"gap\" style=\"line-height: 30px; height: 30px;\"><\/div>[vc_row_inner][vc_column_inner width=&#8221;1\/6&#8243;][vc_single_image image=&#8221;4684&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; style=&#8221;vc_box_rounded&#8221; css_animation=&#8221;fadeInLeft&#8221;][\/vc_column_inner][vc_column_inner width=&#8221;5\/6&#8243;][vc_column_text]<strong>Antonio M. Gonz\u00e1lez Gorostiza &#8211; Birus<\/strong><br \/>\nSocio de AUCTEMCOL[\/vc_column_text][\/vc_column_inner][\/vc_row_inner][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space height=&#8221;10px&#8221;][vc_column_text]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No tengo una profesi\u00f3n corriente: Soy escribidor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De cartas de amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi existencia discurre en la noche, aunque hace un par de a\u00f1os, todav\u00eda me aventuraba a pasear por las ma\u00f1anas en los jardines que rodean al castillo; es el parque m\u00e1s bonito de Osaka. All\u00ed, en el silencio respetuoso de una multitud que nunca llega a rozarse, quedas aislado, escuchas los trinos de los p\u00e1jaros y te dejas envolver por el eco de la campana del templo budista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a class=\"dt-single-image\" href=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/IMAGEN-DESTACADA-SHAKURA.jpg\" data-dt-img-description=\"\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-4681 alignright\" src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/IMAGEN-DESTACADA-SHAKURA-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/IMAGEN-DESTACADA-SHAKURA-300x200.jpg 300w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/IMAGEN-DESTACADA-SHAKURA.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Tambi\u00e9n, algunos domingos me acercaba al acuario, sin importar las dos horas de camino. Me sentaba en el centro de la sala de tiburones, para ver el poder contenido en las formas imparables bajo el agua, bestias capaces de seccionar a sus presas con un simple giro de cabeza. Pero ahora, termino de escribir casi al amanecer, entonces arrastro mis pasos cansados hasta la habitaci\u00f3n alquilada, en las callejuelas del barrio de Fukushima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribir cartas en el sal\u00f3n de geishas comenz\u00f3 como un juego, un juego al que me hice adicto. Eran textos en castellano para clientes que no conoc\u00edan mi idioma. Mi fama ha corrido de boca en boca hasta hacerme con una clientela fiel que absorbe todo mi tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya solo escribo cartas de amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El club es el m\u00e1s distinguido de la Yotsuhashi Suji. 600 euros por compartir la velada con dos damas envueltas en la nada de la seda. Siempre recordar\u00e1s la textura del tacto de los kimonos, la ca\u00edda de la tela escapando sin resistencia entre los dedos, la proximidad de la piel oculta dejando adivinar cada contorno. El roce de la manga en tu frente, cuando la mano femenina baja y ofrece a los labios el sake en taza de porcelana. Crujen los tejidos al chocarse, mientras la muchacha se inclina para depositar la bebida en el taburete de bamb\u00fa, sujetando un escote rebelde que tiende a abrirse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cabeza apoya en el regazo de la joven vestida de blanco con flores rojas; la otra sentada enfrente toca la mandolina, toda de verde vibrante, con grandes ribetes amarillos en los pu\u00f1os y negros en el cuello. Puedes oler el perfume de los p\u00e9talos reci\u00e9n cortados, el aceite con el que se han frotado tras el ba\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El humo del opio serpentea como la neblina. La luz se aten\u00faa poco a poco, mientras los sentidos se enturbian y avanza la noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tengo un protocolo. Algunos enamorados vienen acompa\u00f1ados de un amigo, los m\u00e1s, se aventuran en una soledad a la deriva, barcas sin motor ni instrumentos de navegaci\u00f3n, bogan hacia un faro lejano que nunca alcanzan. Ceno en su compa\u00f1\u00eda mientras escuchamos el canto melodioso de las geishas que nos atienden. Comemos el arroz con movimientos precisos de los palillos sin que se caiga un solo grano, sin embargo, cuando sorbemos la sopa lo hacemos con ruidos sonoros, como si las algas se defendieran y necesit\u00e1ramos de una aspiradora para met\u00e9rnoslas en la boca. Entonces nos limpiamos los labios con el dorso de la mano, chasqueamos la lengua y terminamos ri\u00e9ndonos como ni\u00f1os que chapotean en los charcos. Despu\u00e9s, retiran el servicio de mesa, traen los recados de escritura y, recostados entre las sedas de las muchachas, conversamos de forma pausada, con largos silencios. Silencio donde encontrar la palabra, donde la reflexi\u00f3n te ayuda a comprender al otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las geishas atienden mientras conversamos, capturan ideas antes de que se evaporen para plasmarlas con trazos de pincel de caligraf\u00eda incomprensible, huellas de tinta negra dejadas por p\u00e1jaros nocturnos sobre el papel de arroz. Haikus que estallan en el aire cuando los recitan. \u201cCanta, canta\u201d les decimos, pero ellas se resisten con fingida timidez, esconden la cara tras el abanico plegado, fruncen los labios y bajan los ojos hasta que las convencemos, como adolescentes que act\u00faan por primera vez sobre el escenario del colegio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las horas transcurren entre risas de alegr\u00eda intercaladas con momentos sosegados; algunos serios, incluso tristes. Entonces, cuando el sentimiento aflora, cuando los recuerdos brotan para revivir lo que hab\u00edamos enterrado, las l\u00e1grimas contenidas escapan hasta ser atrapadas por el pa\u00f1uelo de las j\u00f3venes. Desplegado, lo hacen resbalar por el rostro a la vez que con su mirada ofrecen un consuelo tierno, aguamarina sin tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los clientes me cuentan a qui\u00e9n han conocido. Relatan su historia y la del ser amado. Describen sus gustos e inquietudes, tambi\u00e9n los detalles sin importancia, los que, sin embargo, son los que mejor nos definen, la verdad oculta bajo consignas que nos hacen uniformes. Me introduzco bajo su piel para vivir con ellos, me conducen a encontrarme con su ser amado para adivinar sus deseos. Preparamos el escrito a medias, lo releemos hasta que recoge la necesidad del momento en el mensaje del n\u00e1ufrago. Con el deseo de tenerle cerca prometemos las estrellas, las mismas que compartimos cada noche en la distancia. Reescribimos muchas veces hasta llegar a la versi\u00f3n perfecta, la que escribe el amante con su tinta de anhelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se van contentos, con prisas de enviar la carta. Contar\u00e1n cada segundo hasta recibir la respuesta, la leer\u00e1n impacientes varias veces antes de guardarla en el bolsillo, accesible para sujetarla entre los dedos, para abrirla de nuevo y observar el trazo dibujado por la mano que los acarici\u00f3, memorizar las frases en la voz que les mantuvo despiertos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los recibo y apuesto como el jugador de p\u00f3ker que arriesga el dinero ajeno. Para m\u00ed el amor son solo frases, canciones, poes\u00edas. El sentimiento es externo; como ver los organismos desarroll\u00e1ndose en el laboratorio, arroll\u00e1ndose unos a otros bajo el cristal del microscopio, sin temor a contagiarme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esas largas veladas de apuestas con el amor, cuando viv\u00eda aventuras de otros, protegido por el caparaz\u00f3n de escribidor que no arriesga en la suerte, fue donde conoc\u00ed a Sakura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sakura. 23 a\u00f1os con la frescura de su nombre: flor de cerezo. Hab\u00eda visitado Sevilla, conocido el duende del sur, la fuerza del baile, el sesteo del verano, la alegr\u00eda de la feria, la pasi\u00f3n de su gente. All\u00ed encontr\u00f3 unos ojos, all\u00ed se perdi\u00f3 en una boca, all\u00ed naveg\u00f3 en abrazos hasta naufragar; hasta quedar prendada del ansia del regreso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sakura viene todos los meses. Meses cada vez m\u00e1s largos, tiempo de espera y desconsuelo, traves\u00eda en el tiempo que sufro hasta llegar el siguiente encuentro. Encuentros, para m\u00ed, cada vez m\u00e1s breves, diluidos en las primeras luces de la ma\u00f1ana, plumas que se alejan en el viento sin que seas capaz de atraparlas. Me desplazo por sus historias en el aire mullido de su voz, aspiro los olores de su ni\u00f1ez en la aldea, juego en los patios de su escuela, recibo los besos de la madre y:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siento las caricias de aquel andaluz distante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuenta los momentos dif\u00edciles, cuando la vida es tan dura que no se comprende, entonces lloramos. Recuerda an\u00e9cdotas divertidas que nos hacen re\u00edr, comparte la amistad de sus amigos, las preocupaciones del d\u00eda a d\u00eda y:<br \/>\nLeo los mensajes apasionados telegrafiados desde las marismas del Guadalquivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue con la primera carta que le escrib\u00ed, cuando se produjo el cambio. Un soplo de alegr\u00eda fresca que te ataca por la espalda, sin esperarlo, con las defensas bajas. Y de la nada surge un ansia de vida que desborda las barreras y despliega una existencia que absorbe la tuya. No deseas resistir, solo quieres estar cerca, contagiarte, disolverte en su energ\u00eda y resignarte a subsistir, sin esperanza. Conform\u00e1ndote con poder verla, en la noche, mientras piensa en el otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante nuestras largas conversaciones olvido la ciudad agobiante, no escucho los ruidos del restaurante. Sedas, licores, cantos; todo se extingue en un vac\u00edo que se llena de luz con cada s\u00edlaba pronunciada por sus labios. Sin resultado, me esfuerzo para comprender lo que dice, perdido en la contemplaci\u00f3n de sus gestos, sus u\u00f1as, el color del maquillaje, el brillo de sus pupilas. Su presencia destroza mis corazas y abre caminos a un deseo irracional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tortura galopa en su ausencia, horada heridas de un dolor seco cada vez m\u00e1s profundo. En el surco, desde el que no se respira, cuento los minutos que me faltan hasta verla de nuevo, tocar sus manos, aspirar su perfume y:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribir sus cartas. Para envi\u00e1rselas a un extra\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la esperanza del condenado busco signos, indicios de que significo tambi\u00e9n algo para ella. En el aislamiento de mi cuarto invento sue\u00f1os en los que Sakura est\u00e1 conmigo despu\u00e9s de olvidar a mi enemigo. Las cartas ya no vuelan hacia Espa\u00f1a, las escribo para ella y se las entrego en mano. No contienen aburridos discursos llenos de palabras manoseadas, trozos de texto robados a poetas famosos o a pensadores que no cambiaron el mundo. Las pinto en japon\u00e9s con mis trazos de aprendiz, y ella r\u00ede al leerlas porque no entiende nada. Borrones de sentimiento sobre papel, que yo le traduzco en besos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy es nuestro viernes, vendr\u00e1 al anochecer, cuando se apague la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para aliviar la espera me acerco a la zona del puerto. En el acuario, paseo por los t\u00faneles bajo el tanque de los grandes asesinos blancos. Nadan en c\u00edrculos sobre mi cabeza. Los alimentan con presas vivas que les arrojan sangrando. El pez herido flota en el estertor de la muerte, intenta buscar una gruta para ocultarse, pero el rastro de hilos rojos gu\u00eda al asesino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el primer sabor de sangre se produce un giro brusco, la aleta caudal empuja para ganar velocidad, el tibur\u00f3n ataca rasgando con sus cientos de dientes, arranca grandes pedazos al pez moribundo que recibe la embestida de otro asesino en disputa por la presa. El agua es un torbellino p\u00farpura de violencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El espect\u00e1culo salvaje no consigue acallar la frase que me golpea, la que escrib\u00ed en su \u00faltima visita. Ella con los ojos cerrados, el cuello estirado hacia atr\u00e1s, los labios entreabiertos. Yo con las yemas apretadas en la estilogr\u00e1fica, hasta ponerse blancas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque no me gust\u00f3 escucharlo como ahora lo escucho. \u201cTe amo\u201d, dijo, \u201cte amo con locura\u201d, lo dijo mientras me miraba. Y pienso en lo que ella piensa en Osaka , y pienso en lo que ella hizo en Espa\u00f1a. Veo los dientes de las bestias que desgarran, noto la rabia fluir en trombos por mis venas, cierro el pu\u00f1o, quiero golpear, vengarme. Razono como un loco, con golpes de ira que revientan como rel\u00e1mpagos. Ya no quiero escuchar sus deseos, a\u00fan menos escribir sus misivas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un instinto brutal que empuja a herirla, a herirme, a ver la sangre te\u00f1ir mis manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este proceso me destruye, necesito de una v\u00eda de escape para salir de la pasi\u00f3n en la que me asfixio. Debo neutralizar a la bestia que germina dentro de m\u00ed. Permanezco sentado, inm\u00f3vil, reprimo una ira poderosa m\u00e1s salvaje que la de los predadores que matan para comer. No debo regresar al club.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Espero a que cierren el acuario antes de comenzar mi lento caminar hacia el sal\u00f3n de las geishas. Quiero llegar tarde, muy tarde, cuando se hayan ido todos, cuando se haya ido ella. Deseo que mi tortura me abandone, se lleve su para\u00edso y me conceda un olvido para reconstruirme. Avanzo hacia un destino vacio, acantilados oscuros sobre un abismo sin fondo, donde ella me ignore y nadie me vea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El peligro repta por los tinglados del puerto, mejor alejarse antes de que sea noche cerrada. La humedad multiplica por infinito la sensaci\u00f3n de fr\u00edo que se infiltra hasta la medula del hueso. Al otro lado de las torres de contenedores se escuchan los chillidos de una pelea, golpes, carreras, gritos de un borracho que protesta. Tiritando me meto en el metro para ir al barrio antiguo. No hay nadie en el vag\u00f3n, Osaka en la noche se transforma, desaparece el bullicio trepidante de oficinistas y comerciantes, dejan el terreno para los espectros. La escoria de la sociedad sale a flote negociando en cada esquina fragmentos de supervivencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella habr\u00e1 llegado puntual. Al no encontrarme ha decidido regresar a casa. Ha preguntado si estoy enfermo y, antes de que nadie le conteste, ha comprendido mi ausencia. Conoc\u00eda los aguijones que me perforaban al escribir cada letra. Comprende que no puedo aguantar m\u00e1s. Buscar\u00e1 otro traductor y no volver\u00e1 m\u00e1s al club.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estoy agotado, con el traqueteo del viaje se cierran los ojos, vienen los sue\u00f1os. La veo conmigo en una de nuestras noches. Ya no necesita mis escritos pero finge y sigue viniendo a la cita. Hace tiempo que no recibe correspondencia desde Espa\u00f1a. Ahora escribe ella los mensajes para traerlos como excusa. Necesita seguir vi\u00e9ndome hasta encontrar el momento de confesarme que quiere estar conmigo, sin necesidad de cartas. Una noche comienza la explicaci\u00f3n que yo interrumpo posando mi mano sobre su boca. Es un movimiento inesperado, ella se atraganta, me preocupo, busco agua, con las prisas, se la tiro por encima. Ella se atraganta todav\u00eda m\u00e1s, pero esta vez es debido a la risa que se escapa a borbotones. Re\u00edmos a tumba abierta, a punto de despe\u00f1arnos. No podemos parar, retorcemos el cuerpo, nos sujetamos la frente y seguimos riendo, riendo como locos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abro los ojos, sigo solo en un tren a punto de hacer su \u00faltima parada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es de madrugada cuando llego a la casa, est\u00e1 todo cerrado, solo una luz permanece encendida. Me acerco a mi reservado, a nuestro reservado. Descansar\u00e9 unos instantes y beber\u00e9 un poco de sake antes de seguir arrastr\u00e1ndome. Abro la puerta, la habitaci\u00f3n est\u00e1 ocupada. Siento la frescura de la flor de cerezo. Escucho la voz de Sakura que me acaricia:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Te estaba esperando. Te esperaba, porque -titubea, se detiene, toma aire, me mira a los ojos, se levanta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vuelve a hablar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Te esperaba, porque:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pausa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Silencio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Palabras vac\u00edas, desgastadas por el abuso, ganan significado cuando nos las arranca el fuego del sentimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Te amo con locura.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Birus, <\/strong><br \/>\n<strong>en los brazos de mi flor de cereco<\/strong><br \/>\n<strong>Antonio M. Gonz\u00e1lez Gorostiza<\/strong><br \/>\n<strong>Socio de AUCTEMCOL<\/strong><\/p>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]<span style=\"font-size: 8pt;\"><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/span><\/p>\n<ul>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">ALONSO BENITO, JAVIER, \u201cAlgunas cruces procesionales del siglo XVII en el antiguo obispado de Le\u00f3n\u201d, en <em>Estudios Human\u00edsticos 19<\/em>, 1997, pp. 135-156.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">ALONSO BENITO, JAVIER, <em>Plater\u00eda y plateros leoneses de los siglos XVII y XVIII<\/em>, Le\u00f3n, 2006.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">SEMPERE GUARINOS, JUAN, <em>Historia del luxo<\/em>, Madrid, 1778.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">MART\u00cdN, FERNANDO A., \u201cEl punz\u00f3n de Cuenca\u201d, en <em>Goya 151<\/em>, 1979, pp 12-18.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">L\u00d3PEZ-YARTO ELIZALDE, AMELIA, \u201cPervivencia de los modelos renacentistas en la obra de un platero conquense del siglo XVII: Juan de Castilla\u201d, en <em>V jornadas de Arte: Vel\u00e1zquez y el arte de su tiempo<\/em>, 1991, pp. 365-372<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">CRUZ VALDOVINOS, JOS\u00c9 MANUEL, <em>El esplendor del Arte de la plata<\/em>, Murcia, 2007.<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_column_text] SHAKURA [\/vc_column_text][vc_row_inner][vc_column_inner width=&#8221;1\/6&#8243;][vc_single_image image=&#8221;4684&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; style=&#8221;vc_box_rounded&#8221; css_animation=&#8221;fadeInLeft&#8221;][\/vc_column_inner][vc_column_inner width=&#8221;5\/6&#8243;][vc_column_text]Antonio M. 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