{"id":4689,"date":"2019-06-15T08:46:00","date_gmt":"2019-06-15T08:46:00","guid":{"rendered":"http:\/\/caumas.org\/revista\/?p=4689"},"modified":"2019-06-15T08:46:00","modified_gmt":"2019-06-15T08:46:00","slug":"el-henares-en-alcala","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/caumas.org\/revista\/el-henares-en-alcala\/","title":{"rendered":"EL HENARES EN ALCAL\u00c1"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_column_text]<\/p>\n<h2 style=\"text-align: left;\">EL HENARES EN ALCAL\u00c1<\/h2>\n<p>[\/vc_column_text]<div class=\"gap\" style=\"line-height: 30px; height: 30px;\"><\/div>[vc_row_inner][vc_column_inner width=&#8221;1\/6&#8243;][vc_single_image image=&#8221;4690&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; style=&#8221;vc_box_rounded&#8221; css_animation=&#8221;fadeInLeft&#8221;][\/vc_column_inner][vc_column_inner width=&#8221;5\/6&#8243;][vc_column_text]<strong>Jos\u00e9 Luis Salas Oliv\u00e1n<\/strong><br \/>\nVocal de la Asociaci\u00f3n AUDEMA[\/vc_column_text][\/vc_column_inner][\/vc_row_inner][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space height=&#8221;10px&#8221;][vc_column_text]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El camino de la Barca, o de Alcal\u00e1, que baja desde Los Santos de la Humosa, traza, en fuerte pendiente, una doble curva y desciende desde el alto que domina el valle hasta la orilla del r\u00edo que est\u00e1 agazapado tras una abundante vegetaci\u00f3n de ribera, o de galer\u00eda, (\u00e1lamos blancos, chopos negros, sauces, tarays), que forma un ecosistema de gran valor natural, un pasillo verde, un corredor ecol\u00f3gico, que sirve para el desplazamiento de animales y para conectar \u00e1reas de valor ambiental. El r\u00edo Henares, que ha recorrido hasta aqu\u00ed unos 140 kms., es el l\u00edmite natural del t\u00e9rmino de Los Santos de la Humosa. Aunque el oto\u00f1o y el invierno han desnudado los \u00e1rboles, las orillas est\u00e1n tapizadas de hierba, reverdecida tras las \u00faltimas lluvias. El r\u00edo fluye tranquilo espejeando el claro sol de una agradable ma\u00f1ana primaveral. Un panel informativo tiene una fotograf\u00eda de un zorro, como posible habitante de la zona, y alguien le ha adjudicado el nombre de \u201cRajoy\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al lado del camino, por el que pasan innumerables senderistas y ciclistas, hay una cruz negra con flores azules muy limpias. Ignoramos el lamentable suceso que le ha dado origen. A la izquierda, una gran finca, las casas del T\u00edo Ca\u00f1am\u00f3n, que estuvo sembrada de ma\u00edz alto que constitu\u00eda un laberinto, est\u00e1 ahora ocupada por pistachos. El r\u00edo sigue su tranquilo fluir sobre un lecho de carrizos y eneas. Cerca de su orilla pudo estar la villa romana llamada Fumoso por las brumas del r\u00edo, pero los problemas sanitarios derivados del ambiente h\u00famedo aconsejar\u00edan el traslado de la poblaci\u00f3n a lo alto, quiz\u00e1 en los siglos X o XI; no obstante, las ondas del r\u00edo siguen figurando en su escudo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegamos al puente, donde antes hubo, para cruzar el r\u00edo, una barca que da nombre al camino. Desde aqu\u00ed hasta Los Santos (gentilicio, santeros), el Balc\u00f3n del Henares, espl\u00e9ndido mirador con el importante hito visual de la iglesia de San Pedro, hay una ruta de 4,5 km. Un letrero indica que la zona es lugar de encuentros gay mientras el r\u00edo sigue ajeno a estos ajetreos del mundo, vestido de bosque de galer\u00eda que cruzamos por un sendero hasta el l\u00edmite de los campos de labor. El r\u00edo pasa rozando los cerros de su margen izquierda -cortados rocosos, cantiles, escarpes o farallones, de materiales arenosos y arcillosos, muy aptos para la nidificaci\u00f3n de numerosas especies de aves-, en uno de los cuales hay un pino solitario. En el recorrido vemos muchos \u00e1rboles secos, pero, a lo lejos, a trav\u00e9s de las ramas desnudas, se ve bien el itinerario del r\u00edo por el serpenteo de su vegetaci\u00f3n de ribera. Los montes de la izquierda est\u00e1n desnudos, aunque bordeando la senda la abundante espada\u00f1a levanta orgullosa su floreada cabeza. Una antigua construcci\u00f3n de ladrillo, una toma de agua, queda como resto arqueol\u00f3gico de tiempos pasados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La senda sigue al lado de la valla, l\u00edmite de los campos cultivados, que debe marcar la distancia legal desde el cauce, hasta que pierde su gracia saliendo al camino, bien apisonado, con una acera y una valla de protecci\u00f3n. El r\u00edo parece ancho y profundo, pero el agua no corre, est\u00e1 remansada como el tiempo. A la derecha, la parte trasera de una zona comercial e instalaciones deportivas y una se\u00f1al ilegible del camino, como un miliario, cerca del puente de la Oruga. Despu\u00e9s una peque\u00f1a presa que desviaba el agua al caz de un molino, con el agua corriendo por detr\u00e1s entre olmos, alisos, sauces, fresnos, llenos de sol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de un tramo en el que se abandona la orilla del r\u00edo ocupada por construcciones, bordeamos el caz, con poca agua, pasando por una gran zona arbolada que podr\u00eda ser un espl\u00e9ndido parque si se plantaran m\u00e1s \u00e1rboles, porque hay muchos muertos. A la derecha un muro de contenci\u00f3n protege una zona de chalets y a la izquierda el caz termina en el r\u00edo, dejando atr\u00e1s la isla de la Esgaravita. El agua corre de nuevo entre abundante espada\u00f1a y el otro lado est\u00e1 ocupado por los taludes verticales arcillosos donde anidan especies como el carbonero com\u00fan, el pito real, la abubilla, el colirrojo tiz\u00f3n, la chova piquirroja, el mochuelo, el autillo, etc., mientras un tendido el\u00e9ctrico cruza por encima afeando el paisaje. A la altura de la Ermita del Val el agua est\u00e1 detenida de nuevo. A la izquierda queda Alcal\u00e1 la Vieja. En lo alto del cerro se ven los restos de torreones y muralla que hab\u00eda y se yergue majestuosa la torre albarrana, la mejor que se conserva. El r\u00edo copia los \u00e1rboles del entorno y, en las tranquilas aguas que contienen barbos y carpas, se ven fochas, pollas de agua y \u00e1nade real.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s tarde, cuando el Malvecino se recorta contra el brillante azul del cielo, la vegetaci\u00f3n de ribera desaparece. Otra peque\u00f1a construcci\u00f3n en ladrillo al lado del r\u00edo habla del riego de estos campos pertenecientes a una casa agr\u00edcola arruinada, pasado de Alcal\u00e1. A la derecha, la ciudad deportiva del Val. Los \u00e1rboles han disminuido pero la gente ha aumentado hasta llegar al azud que desviaba el agua al molino de Cayo y que daba lugar a la Isla del Colegio. Sosiego en el murmullo del agua, con un pescador en el medio. Acaba el muro de protecci\u00f3n, vemos las antiguas compuertas del caz, oxidadas por falta de uso, y llegamos a la gran construcci\u00f3n del antiguo molino, con el caz sucio y colmatado, aunque delante del parque Isla del Colegio, un pato solitario da una imagen viva sobre las aguas escasas. Estas im\u00e1genes crean planos simult\u00e1neos y contradictorios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Continuamos a lo largo del caz por la Ronda del Henares y la Ronda Fiscal hasta encontrar de nuevo el Henares para bordearlo por un paseo bien acondicionado, en alto, para proteger un denso barrio. Despu\u00e9s pasamos al lado del puente Zulema, cruzamos por debajo la carretera y llegamos a la Isla, con una pintada haciendo honor al Empecinado, que libr\u00f3 una escaramuza en las cercan\u00edas. Atravesamos la zona recreativa, sobrevolada por la pasarela hacia el cementerio y todav\u00eda recorremos un tramo al lado de una valla met\u00e1lica por una estrecha senda. Aqu\u00ed lo dejamos, aunque el r\u00edo sigue abrazando a la ciudad al pasar por la antigua Complutum, a pesar de que la ciudad vive de espaldas a \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Jos\u00e9 Luis Salas Oliv\u00e1n<\/strong><br \/>\nVocal de la Asociaci\u00f3n AUDEMA<\/p>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]<span style=\"font-size: 8pt;\"><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/span><\/p>\n<ul>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">ALONSO BENITO, JAVIER, \u201cAlgunas cruces procesionales del siglo XVII en el antiguo obispado de Le\u00f3n\u201d, en <em>Estudios Human\u00edsticos 19<\/em>, 1997, pp. 135-156.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">ALONSO BENITO, JAVIER, <em>Plater\u00eda y plateros leoneses de los siglos XVII y XVIII<\/em>, Le\u00f3n, 2006.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">SEMPERE GUARINOS, JUAN, <em>Historia del luxo<\/em>, Madrid, 1778.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">MART\u00cdN, FERNANDO A., \u201cEl punz\u00f3n de Cuenca\u201d, en <em>Goya 151<\/em>, 1979, pp 12-18.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">L\u00d3PEZ-YARTO ELIZALDE, AMELIA, \u201cPervivencia de los modelos renacentistas en la obra de un platero conquense del siglo XVII: Juan de Castilla\u201d, en <em>V jornadas de Arte: Vel\u00e1zquez y el arte de su tiempo<\/em>, 1991, pp. 365-372<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 8pt;\">CRUZ VALDOVINOS, JOS\u00c9 MANUEL, <em>El esplendor del Arte de la plata<\/em>, Murcia, 2007.<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_column_text] EL HENARES EN ALCAL\u00c1 [\/vc_column_text][vc_row_inner][vc_column_inner width=&#8221;1\/6&#8243;][vc_single_image image=&#8221;4690&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; style=&#8221;vc_box_rounded&#8221; css_animation=&#8221;fadeInLeft&#8221;][\/vc_column_inner][vc_column_inner width=&#8221;5\/6&#8243;][vc_column_text]Jos\u00e9 Luis Salas Oliv\u00e1n Vocal de la Asociaci\u00f3n AUDEMA[\/vc_column_text][\/vc_column_inner][\/vc_row_inner][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space height=&#8221;10px&#8221;][vc_column_text] El camino de la Barca, o de Alcal\u00e1, que baja desde Los Santos de la Humosa, traza, en fuerte pendiente, una doble curva y desciende desde el alto que domina el valle hasta&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4690,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[156,58],"tags":[],"class_list":["post-4689","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-27-colaboraciones-jun-2019","category-colaboraciones","category-156","category-58","description-off"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4689","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4689"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4689\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4691,"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4689\/revisions\/4691"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4690"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4689"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4689"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4689"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}