{"id":5185,"date":"2020-01-06T19:23:55","date_gmt":"2020-01-06T19:23:55","guid":{"rendered":"https:\/\/caumas.org\/revista\/?p=5185"},"modified":"2020-01-06T19:23:55","modified_gmt":"2020-01-06T19:23:55","slug":"amull-premios-2019-primer-premio-de-relato-breve","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/caumas.org\/revista\/amull-premios-2019-primer-premio-de-relato-breve\/","title":{"rendered":"AMULL &#8211; PREMIOS 2019 &#8211; PRIMER PREMIO DE RELATO BREVE"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row full_width_row=&#8221;true&#8221;][vc_column][vc_single_image image=&#8221;5182&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; css_animation=&#8221;fadeInDown&#8221; css=&#8221;.vc_custom_1578335172100{margin-bottom: 0px !important;border-bottom-width: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;}&#8221;][vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;][vc_column_text]<a class=\"dt-single-image\" href=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/ASOCIACIONES-05.02.jpg\" data-dt-img-description=\"\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5188 alignleft\" src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/ASOCIACIONES-05.02.jpg\" alt=\"\" width=\"236\" height=\"460\" srcset=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/ASOCIACIONES-05.02.jpg 387w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/ASOCIACIONES-05.02-154x300.jpg 154w\" sizes=\"(max-width: 236px) 100vw, 236px\" \/><\/a>D\u00eda: mi\u00e9rcoles, octavo d\u00eda.<\/p>\n<p>Hora: 5:48 A.m.<\/p>\n<p>Hussein abri\u00f3 los ojos a un nuevo d\u00eda, estir\u00f3 los pies en el h\u00famedo suelo, rez\u00f3 su oraci\u00f3n diaria, esper\u00f3 unos segundos y la realidad despert\u00f3 con \u00e9l.<\/p>\n<p>El dolor de muelas que le atorment\u00f3 durante todo el d\u00eda anterior hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p><em>&#8211; \u201cNo est\u00e1 mal para empezar el d\u00eda\u201d (murmur\u00f3 por lo bajo).<\/em><\/p>\n<p>Observ\u00f3 durante un momento la infinidad de estrellas que aullaban su luz en el firmamento, y pens\u00f3 que, probablemente, muchas de esas estrellas que ahora observaba habr\u00edan desaparecido hac\u00eda mucho tiempo, y que esa luz que \u00e9l ve\u00eda no era m\u00e1s que una fantas\u00eda o un espectro de algo que fue real, pero que ahora, sin existir, segu\u00eda brillando.<\/p>\n<p>\u00bfOcurrir\u00eda lo mismo con las personas?<\/p>\n<p>\u00c9l cre\u00eda que s\u00ed, estaba convencido de que al morir, su energ\u00eda vital, su luz interior, seguir\u00eda brillando para aquellas personas que supieran mirar y ver. Quiz\u00e1s sus amigos m\u00e1s cercanos, sus padres y tambi\u00e9n para la mujer que hab\u00eda dejado atr\u00e1s, prometi\u00e9ndole un pronto reencuentro y una vida mejor. Esos pensamientos le colmaban de esperanza y le daban la fuerza y el valor necesario para seguir adelante y enfrentarse a lo desconocido.<\/p>\n<p>De su mochila extrajo una navaja y un peque\u00f1o espejo en el que se mir\u00f3 y observ\u00f3 un rostro ojeroso, desconocido, que achac\u00f3 enseguida a la mortecina luz de la luna, se humedeci\u00f3 la cara y el cuello con un poco de agua grasienta que cogi\u00f3 entre sus manos del fondo de la patera, y usando su peque\u00f1a navaja a modo de cuchilla de afeitar, fue rascando lentamente la piel morena de su cuello y cara curtida por el sol y el salitre.<\/p>\n<p>A\u00fan no hab\u00eda amanecido, pero frente a \u00e9l, a lo lejos en el horizonte, comenzaban a aparecer diferentes tonos de colores: naranjas y rojos sobre todo, que dar\u00edan paso (\u00e9l ya lo sab\u00eda) a un resplandeciente tono amarillo que poco a poco ir\u00eda ocupando toda la l\u00ednea del horizonte. Era todo un regalo para el esp\u00edritu ver emerger del oc\u00e9ano esa gran esfera de luz, y en sus oraciones de todas las ma\u00f1anas daba gracias al Profeta una y otra vez por permitirle ver -un d\u00eda m\u00e1s- la grandiosa obra de su Dios Allah, \u201cEl Creador De Todo\u201d. Siempre se dirig\u00eda a ese dios omnipotente usando las palabras que aprendi\u00f3 de su padre:<\/p>\n<p><em>\u201cYo me consagro a tu servicio, oh, Dios, t\u00fa no tienes compa\u00f1ero, excepto las divinidades que forman tu cohorte, pero de las cuales eres t\u00fa el due\u00f1o y soberano como de todo lo que depende de ellas\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n sab\u00eda que ese espect\u00e1culo de luz se convertir\u00eda dentro de muy poco tiempo en un infierno de calor, sudor y v\u00f3mitos.<\/p>\n<p>Afeitarse era un peque\u00f1o ritual que llevaba a cabo todas las ma\u00f1anas antes de que los dem\u00e1s despertaran y que de alguna forma que no llegaba a entender parec\u00eda confirmarle la normalidad existente en todos los frentes de su vida y le auguraba un final feliz en su traves\u00eda al Nuevo Mundo.<\/p>\n<p><em>&#8211; \u201cTodo va bien Hussein, veremos c\u00f3mo va la ma\u00f1ana, pero no te aventures mucho m\u00e1s all\u00e1\u201d (susurr\u00f3 una voz en su cabeza).<\/em><\/p>\n<p>Por alg\u00fan resquicio de su alma so\u00f1olienta intentaba asomar a\u00fan ese sentimiento de desamparo, de desasosiego, que muchas veces le persegu\u00eda como una sombra de la que es imposible deshacerse. Dio un manotazo al aire intentando apartar de su sentido ese insistente y enfermizo sentimiento de infelicidad y mientras observaba de reojo como la luz inundaba todo su diminuto mundo flotante, dejando a la vista cuerpos que dormitaban aqu\u00ed y all\u00e1, cay\u00f3 en la cuenta de que mientras se afeitaba, en su peque\u00f1o espejo hab\u00eda ido apareciendo, reflejado, un nuevo rostro, mucho m\u00e1s familiar y tranquilizador.<\/p>\n<p>Devolvi\u00f3 la navaja y el espejo a su mochila y examin\u00f3 su interior fingiendo que buscara algo, como si no supiera que all\u00ed no hab\u00eda nada m\u00e1s, con la vista perdida en el horizonte, temeroso del resplandor que se acercaba.<\/p>\n<p>Las estrellas hab\u00edan desaparecido.<\/p>\n<p>El zarandeo de la barcaza le sac\u00f3 de su ensue\u00f1o.<\/p>\n<p>Extrajo por segunda vez el peque\u00f1o espejo, y observando nuevamente su rostro, le habl\u00f3 sin disimulo, sin tapujos, mir\u00e1ndose directamente a los ojos:<\/p>\n<p><em>\u00a1\u00c1nimo, Hussein! \u00a1\u00c1nimo!<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1\u00c1nimo! Le respondi\u00f3 su imagen reflejada.<\/em>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row full_width_row=&#8221;true&#8221;][vc_column][vc_single_image image=&#8221;5182&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; css_animation=&#8221;fadeInDown&#8221; css=&#8221;.vc_custom_1578335172100{margin-bottom: 0px !important;border-bottom-width: 0px !important;padding-bottom: 0px !important;}&#8221;][vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;][vc_column_text]D\u00eda: mi\u00e9rcoles, octavo d\u00eda. Hora: 5:48 A.m. Hussein abri\u00f3 los ojos a un nuevo d\u00eda, estir\u00f3 los pies en el h\u00famedo suelo, rez\u00f3 su oraci\u00f3n diaria, esper\u00f3 unos segundos y la realidad despert\u00f3 con \u00e9l. 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