{"id":5622,"date":"2020-06-18T09:01:34","date_gmt":"2020-06-18T09:01:34","guid":{"rendered":"https:\/\/caumas.org\/revista\/?p=5622"},"modified":"2021-05-11T08:00:04","modified_gmt":"2021-05-11T08:00:04","slug":"el-pico-ocejon-jose-luis-salas-olivan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/caumas.org\/revista\/el-pico-ocejon-jose-luis-salas-olivan\/","title":{"rendered":"El pico Ocej\u00f3n <br>Jos\u00e9 Luis Salas Oliv\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row full_width_row=&#8221;true&#8221;][vc_column]<div id=\"ultimate-heading-67036a1b22d0e288c\" class=\"uvc-heading ult-adjust-bottom-margin ultimate-heading-67036a1b22d0e288c uvc-514  uvc-heading-default-font-sizes\" data-hspacer=\"no_spacer\"  data-halign=\"left\" style=\"text-align:left\"><div class=\"uvc-heading-spacer no_spacer\" style=\"top\"><\/div><div class=\"uvc-main-heading ult-responsive\"  data-ultimate-target='.uvc-heading.ultimate-heading-67036a1b22d0e288c h2'  data-responsive-json-new='{\"font-size\":\"\",\"line-height\":\"\"}' ><h2 style=\"font-family:&#039;Viga&#039;;--font-weight:theme;\">El pico Ocej\u00f3n<\/h2><\/div><div class=\"uvc-sub-heading ult-responsive\"  data-ultimate-target='.uvc-heading.ultimate-heading-67036a1b22d0e288c .uvc-sub-heading '  data-responsive-json-new='{\"font-size\":\"\",\"line-height\":\"\"}'  style=\"font-weight:normal;\">Jos\u00e9 Luis Salas Oliv\u00e1n<\/div><\/div>[vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;][vc_row_inner][vc_column_inner][vc_column_text]<a class=\"dt-single-image\" href=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/EL-PICO-OCEJ\u00d3N-01.jpg\" data-dt-img-description=\"\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-5624 aligncenter\" src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/EL-PICO-OCEJ\u00d3N-01.jpg\" alt=\"\" width=\"886\" height=\"471\" srcset=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/EL-PICO-OCEJ\u00d3N-01.jpg 886w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/EL-PICO-OCEJ\u00d3N-01-300x159.jpg 300w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/EL-PICO-OCEJ\u00d3N-01-768x408.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 886px) 100vw, 886px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las altas cumbres como guardianes del territorio. El dominio que la monta\u00f1a, la altura, ejerce sobre el paisaje ha hecho que siempre tuviera un aire entre m\u00edtico y sagrado, mitol\u00f3gico. Las tribus paleol\u00edticas se postraban ante las diosas monta\u00f1as. Los romanos notaron que algunas tribus ib\u00e9ricas consideraban al Moncayo una especie de dios y le rend\u00edan culto. La espiritualidad de las monta\u00f1as alienta viejos e imperecederos ritos. La monta\u00f1a como gran balc\u00f3n, evocador de lo sagrado, propici\u00f3 cultos a la naturaleza desde la prehistoria hasta que el cristianismo los fagocit\u00f3. Las civilizaciones primitivas sacralizaban sus monta\u00f1as pero no se atrev\u00edan a escalarlas. El primer escalador fue el poeta Francesco Petrarca, que en el a\u00f1o 1336 escal\u00f3 el monte Ventoso, en los Alpes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno de estos picos que ejercen un influjo tan poderoso es el Ocej\u00f3n, testigo de tantas edades pasadas, al que volvemos con ancestral impulso. Estas monta\u00f1as corresponden al sistema Central, a la vertiente sur de la sierra de Ayll\u00f3n, al noroeste de la provincia de Guadalajara. El pico se sit\u00faa en la sierra del Robledal, en una posici\u00f3n meridional. Es una monta\u00f1a de pizarra, formada por un pliegue anticlinal y asim\u00e9trico. La orientaci\u00f3n aproximada N-S de la sierra hace que sea una divisoria de aguas, al Jarama en su vertiente occidental y al Sorbe \u2013afluente del Henares, del que bebemos en Alcal\u00e1 de Henares- en su vertiente oriental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta ocasi\u00f3n iniciamos el ascenso en Valverde de los Arroyos, t\u00edpico pueblo de la arquitectura negra \u2013por el uso constructivo de la pizarra-, de menos de cien habitantes, situado a una altitud de 1.255 metros. El pueblo negro, tan aseado, tan coherente entre su exterior y lo que era la vida de sus gentes, pero tan inanimado, no consigue llevar a la nostalgia de la vida de otros tiempos. Este majestuoso pico tiene una prominencia de unos 1.000 m., y como su cima est\u00e1 a 2.049 m de altitud, tenemos por delante un ascenso de 794 m. Hay que encontrar tiempo \u2013el tiempo es vida- para salir de nuestro estrecho c\u00edrculo cotidiano y hacer cosas como \u00e9sta.<br \/>\nEl Ocej\u00f3n se recorta imponente, sin su corona de nieve aunque es invierno, en un cielo sin nubes en el que sepulta su cresta. Nuestra ansiosa mirada se deposita en lo alto, cuyo brillo ha iluminado otras ascensiones. Se sale desde la plaza, subiendo hasta el campo de f\u00fatbol y se contin\u00faa el camino entre unos casta\u00f1os tra\u00eddos en el siglo XIX. A unos 500 m debemos tomar un estrecho sendero a la derecha, bien marcado, puesto que de frente se va a las chorreras de Despe\u00f1alagua. El ascenso es suave, con poco desnivel, aunque en alg\u00fan momento la ruta se quiebra embraveciendo el paisaje. Recuperando recuerdos de otras ascensiones y escuchando los ecos de las monta\u00f1as se asciende en un intrincamiento de repliegues, aspirando el aire alimenticio, absorbiendo la luz vivificante, y la monta\u00f1a repite el eco de nuestro paso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dejamos a la izquierda las chorreras \u2013a m\u00e1s de 1.400 m de altitud- y a la derecha la loma de las Piquerinas. De frente sigue el camino del Correo que va a Majaelrayo. Cruzamos el arroyo de la Chorrera que nos marca el camino y faldeamos hacia la derecha. En lo alto vigila nuestro ascenso el pico Ocej\u00f3n, lo m\u00e1s inaccesible de la monta\u00f1a, donde la tierra se hace nube. Este tramo, la cuesta de la Penitencia, hace honor a su nombre, es el m\u00e1s duro por su pronunciado desnivel. La subida ocupa el pensamiento; esfuerzo f\u00edsico sin preocupaci\u00f3n mental, con la monta\u00f1a limitando el horizonte que queda reducido a una fracci\u00f3n de cielo; los pasos, de plomo. Un pinar de repoblaci\u00f3n, los \u00e1rboles hijos de la roca, ponen la nota de color verde oscuro, mientras el robledal est\u00e1 sin hojas. A partir de aqu\u00ed el arbolado desaparece y la gayuba tapiza el ascenso, suaviz\u00e1ndose un poco el desnivel, hasta el collado de Garc\u00eda Perdices, a donde llega otro camino desde Majaelrayo. La \u00faltima parte es un canchal desnudo, peligroso por el hielo en algunos momentos, que lleva hasta las almenas pizarrosas cargadas de vientos, hielos y soledad. La fe, que dicen mueve monta\u00f1as, nos mueve a nosotros hasta lo alto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otras ocasiones hemos encontrado aqu\u00ed concentradas innumerables existencias desperdigadas, atra\u00eddas por el poderoso im\u00e1n del monte, pero ahora no hay ese acostumbrado oleaje humano que impide percibir el \u00edmpetu geol\u00f3gico de la serran\u00eda. Hacemos cima. La monta\u00f1a achica a las personas, que s\u00f3lo se engrandecen cuando pisan la cumbre. Desde estas alturas ol\u00edmpicas se contempla un horizonte infinito y, siguiendo a Shelley, \u201ctodo parece ahora eterno\u201d. Fragosa soledad, silencio serrano, rocas y cielo desnudos en esta peque\u00f1a y afilada acr\u00f3polis desde la que podemos admirar la belleza de las monta\u00f1as esculpidas y leer, en las cumbres y en los desfiladeros, la lecci\u00f3n eterna de la Naturaleza. Aqu\u00ed se comprende la frase de Obermann, citada por Unamuno, de que jam\u00e1s se podr\u00e1 expresar el sentimiento de la monta\u00f1a en una lengua hecha por los hombres de las llanuras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estamos en uno de los tres enclaves de una leyenda, seg\u00fan la cual el se\u00f1or y brujo de una tribu prerromana cuyo territorio se extend\u00eda por las actuales provincias de Zaragoza, Soria y Guadalajara, se entend\u00eda muy mal con sus tres hijos que se peleaban entre s\u00ed movidos por la envidia y la codicia por conseguir la herencia del padre. \u00c9ste, cansado, les maldijo de manera que pudieran verse pero no hablarse, convirti\u00e9ndolos en tres altas monta\u00f1as que situ\u00f3 en los extremos de su territorio: Moncayo, Ocej\u00f3n y Alto Rey. En esta \u00faltima cima hay una ermita con un grabado en piedra en el que se ven tres cabezas situadas geogr\u00e1ficamente como los picos. Al margen de la leyenda, desde nuestra alta atalaya podemos ver pueblos como Majaelrayo, Robleluengo, Roblelacasa, Campillo de Ranas, etc., al oeste, y al este Valverde de los Arroyos, Zarzuela de Galve, Palancares y Almiruete (famoso Carnaval).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El fuerte viento impide estar aqu\u00ed mucho tiempo. Regresamos por el mismo sendero y antes del pueblo giramos a la derecha para ir hasta las chorreras de Despe\u00f1alagua, un peque\u00f1o y llano paseo hasta el salto de agua de unos 100 metros de altitud. El hielo ha esculpido formas caprichosas en los arbustos y en las orillas. El camino lo marca el cacer\u00f3n, un peque\u00f1o canalillo que tra\u00eda hasta el pueblo parte del agua de la Chorrera y que serv\u00eda para el riego de las huertas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemos quemado muchas calor\u00edas y tenemos la tentaci\u00f3n de comer cordero. Hacemos caso a Oscar Wilde, quien dijo que la mejor forma de librarse de una tentaci\u00f3n es caer en ella. Despu\u00e9s el sol se hunde r\u00e1pidamente, el d\u00eda declina y la temperatura desciende. Las monta\u00f1as ocultan el sol y se inicia el oscuro y fr\u00edo ocaso de las adustas tardes invernales. Las tintas grises del anochecer van subiendo del llano a la monta\u00f1a. Es el momento de la vuelta a casa. La a\u00e9rea cumbre del Ocej\u00f3n, donde el resplandor dorado del sol se va ti\u00f1endo de p\u00farpura, nos despide.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>Jos\u00e9 Luis Salas Oliv\u00e1n<\/strong><\/em><br \/>\n<em>Vocal de AUDEMA, Asociaci\u00f3n de Mayores de la Universidad de Alcal\u00e1<\/em><\/p>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column_inner][\/vc_row_inner][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column width=&#8221;1\/3&#8243;][vc_single_image image=&#8221;5630&#8243; img_size=&#8221;full&#8221;][\/vc_column][vc_column width=&#8221;1\/3&#8243;][vc_single_image image=&#8221;5626&#8243; img_size=&#8221;full&#8221;][\/vc_column][vc_column width=&#8221;1\/3&#8243;][vc_single_image image=&#8221;5627&#8243; img_size=&#8221;full&#8221;][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row full_width_row=&#8221;true&#8221;][vc_column][vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;][vc_row_inner][vc_column_inner][vc_column_text] Las altas cumbres como guardianes del territorio. 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