{"id":6309,"date":"2021-03-30T07:40:26","date_gmt":"2021-03-30T07:40:26","guid":{"rendered":"https:\/\/caumas.org\/revista\/?p=6309"},"modified":"2021-03-30T08:03:33","modified_gmt":"2021-03-30T08:03:33","slug":"momentos-40-jesus-jauregui","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/caumas.org\/revista\/momentos-40-jesus-jauregui\/","title":{"rendered":"Momentos (40)<br> Jes\u00fas J\u00e1uregui"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row full_width_row=&#8221;true&#8221;][vc_column]<div id=\"ultimate-heading-38516a41d1439beec\" class=\"uvc-heading ult-adjust-bottom-margin ultimate-heading-38516a41d1439beec uvc-6877  uvc-heading-default-font-sizes\" data-hspacer=\"no_spacer\"  data-halign=\"left\" style=\"text-align:left\"><div class=\"uvc-heading-spacer no_spacer\" style=\"top\"><\/div><div class=\"uvc-main-heading ult-responsive\"  data-ultimate-target='.uvc-heading.ultimate-heading-38516a41d1439beec h2'  data-responsive-json-new='{\"font-size\":\"\",\"line-height\":\"\"}' ><h2 style=\"font-family:&#039;Viga&#039;;--font-weight:theme;\">Momentos (40)<\/h2><\/div><div class=\"uvc-sub-heading ult-responsive\"  data-ultimate-target='.uvc-heading.ultimate-heading-38516a41d1439beec .uvc-sub-heading '  data-responsive-json-new='{\"font-size\":\"\",\"line-height\":\"\"}'  style=\"font-weight:normal;\">Jes\u00fas J\u00e1uregui<\/div><\/div>[vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;][vc_row_inner][vc_column_inner][vc_column_text]Con las primeras temperaturas templadas, las dunas y marismas, los mont\u00edculos que acaban en los acantilados se han cubierto de un verde reciente pero rotundo. Los arbustos que ti\u00f1en el suelo no crecer\u00e1n m\u00e1s, no se har\u00e1n viejos, ya lo son, por eso adquieren ese verdor oscuro y robusto. Los espartales se desprenden de sus espada\u00f1as viejas y le\u00f1osas arrojadas por los nuevos brotes, la clavellina rompe sus botones amarillos y rosas, la jarilla, el chumberillo y las azufaifas renacen y pueblan los espacios pr\u00f3ximos al mar en Cabo de Gata. Las altivas pitas elevan al cielo su brazo, seco todav\u00eda, repleto de brotes como mu\u00f1ones y el palmito abre, como daga de dos filos, sus hojas.<\/p>\n<p>Desde Sierra Nevada desciende, todav\u00eda fr\u00edo y blanco, el viento del pico nevado del Mulac\u00e9n, recost\u00e1ndose en su descenso en la sierra de G\u00e1dor hasta Rodalquilar y N\u00edjar donde provocar\u00e1 boiras y nieblas al encontrarse con el mar algo m\u00e1s templado. A su paso han blanqueado cerezos y almendros y ha llamado a los habitantes de Laujar de Andarax a labrar la tierra pre\u00f1ada de fuentes de agua limpia y renovada.<\/p>\n<p>Con la primavera cercana me he acercado hasta la playa a la que llaman \u201cEl playazo\u201d, que traza una banda recta de acantilado a acantilado como un enorme teclado de piano. Las olas llegan pidiendo la vez, lentas de un lado a otro como las manos de un pianista que se desplazan para formar acordes y arpegios en clave mayor, le faltan las teclas negras de bemoles y sostenidos. Y mientras unas olas mantienen las notas bajas, otras forman fugas ascendentes y descendentes sobre millones de piedrecillas que a lo largo de miles de a\u00f1os han ido deshaci\u00e9ndose en brillantes cada vez m\u00e1s diminutos, hasta formar espacios cu\u00e1nticos invisibles e inaccesibles.<\/p>\n<p>Me imagino llegar hasta esta playa a Leandro, amante en la obra de Lorca de \u201cBodas de sangre\u201d, con un amor inconcluso y sangriento, a galope sobre un caballo andaluz que con sus pezu\u00f1as desnudas patea los lentiscales, el romero y el tomillo dejando tras de s\u00ed una mezcla de olores de plantas carnosas, carnales, camino del cortijo de N\u00edjar.<\/p>\n<p>Desde Cerro Gordo el mar es de un azul intenso pr\u00f3ximo al negro, un azul profundo sin concesiones al azul l\u00e1nguido del cielo. El agua, al golpear los acantilados de granito, primero se hace espuma para luego reposar transparente en calas m\u00ednimas.<\/p>\n<p>Yo quiero volver a Rodalquilar con un amor robado, a galope de esa transgresi\u00f3n tantas veces aplazada en mi vida, oliendo a Jean Paul Gaultier y detenerme en la orilla del mar a escuchar a Irene Kral, \u201cRock me to sleep\u201d, con su voz limpia y cercana y el golpe preciso del piano que la acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>Jes\u00fas J\u00e1uregui Gorraiz,<\/strong><\/em><br \/>\nsocio de Aulexna, Asociaci\u00f3n de la Universidad P\u00fablica de Navarra<\/p>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column_inner][\/vc_row_inner][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row full_width_row=&#8221;true&#8221;][vc_column][vc_empty_space height=&#8221;16px&#8221;][vc_row_inner][vc_column_inner][vc_column_text]Con las primeras temperaturas templadas, las dunas y marismas, los mont\u00edculos que acaban en los acantilados se han cubierto de un verde reciente pero rotundo. 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