{"id":7288,"date":"2022-04-05T12:14:58","date_gmt":"2022-04-05T12:14:58","guid":{"rendered":"https:\/\/caumas.org\/revista\/?p=7288"},"modified":"2022-04-05T12:14:58","modified_gmt":"2022-04-05T12:14:58","slug":"vii-concurso-de-relatos-cortos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/caumas.org\/revista\/vii-concurso-de-relatos-cortos\/","title":{"rendered":"VII CONCURSO DE RELATOS CORTOS"},"content":{"rendered":"<p>[vc_row full_width_row=&#8221;true&#8221;][vc_column]<div class=\"gap\" style=\"line-height: 16px; height: 16px;\"><\/div>[vc_single_image image=&#8221;7289&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; image_hovers=&#8221;false&#8221; css=&#8221;.vc_custom_1649160740265{background-color: #4b1a5f !important;}&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el mes de febrero se reun\u00edan los integrantes del jurado del premio de <em>Relato Corto de la Asociaci\u00f3n de Alumnos del Aula Permanente \u00a0ALUMA<\/em>, formado por\u00a0D\u00aa Concepci\u00f3n Argente del Castillo,\u00a0como presidenta;\u00a0D\u00aa Mar\u00eda Isabel Montoya, como vocal; y\u00a0D. Miguel Gonz\u00e1lez\u00a0 Dengra, como secretario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras la lectura de los textos presentados y las l\u00f3gicas deliberaciones este jurado acord\u00f3\u00a0por unanimidad\u00a0otorgar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El Primer Premio al relato titulado <strong><em>\u201cEl<\/em><\/strong> <strong><em>\u00e1rbol que se sinti\u00f3 ni\u00f1o\u201d,<\/em><\/strong> presentado bajo el seud\u00f3nimo \u201cDestello\u201d, siendo el autor,\u00a0<strong>Juan Francisco Ace\u00f1a Caballero<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El Segundo Premio recay\u00f3 en el titulado\u00a0<strong><em>\u201cLos pies secos\u201d<\/em><\/strong><em>,\u00a0<\/em>presentado bajo el seud\u00f3nimo \u201cChilojo Saoa\u201d, empleado por <strong>Joaqu\u00edn L\u00f3pez Chirosa<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a1Enhorabuena a los premiados!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Reproducimos a continuaci\u00f3n el galardonado con el primer premio:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>EL\u00a0 \u00c1RBOL QUE SE SINTI\u00d3 NI\u00d1O<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquellos tiempos y en el barrio donde pas\u00e9 la infancia no exist\u00edan los artilugios infantiles de ahora para entretenerse. Est\u00e1bamos la mayor parte del d\u00eda fuera de casa imaginando toda clase de juegos, teniendo, adem\u00e1s, la oportunidad de que nuestro barrio limitaba con el campo en donde, protagonizando el horizonte m\u00e1s inmediato, hab\u00eda un \u00e1rbol grande y achaparrado con numerosas ramas, algunas de las cuales rozaban el suelo. Solitario en lo alto de una suave colina parec\u00eda recibirnos con los brazos abiertos, como si fuera un gigante protector, agradeciendo nuestra compa\u00f1\u00eda, pues cogimos la costumbre de frecuentar sus alrededores y elegirlo como centro de nuestros juegos. Por su tronco y ramaje no hab\u00eda hormigas, ni p\u00e1jaros, ya que huyeron ante nuestra presencia. Abusando de su paciencia, nos sub\u00edamos a las ramas hasta lo m\u00e1s alto y despu\u00e9s nos columpi\u00e1bamos en algunas o nos tir\u00e1bamos desde ellas al suelo. En sus cercan\u00edas las ni\u00f1as jugaban a la rayuela o saltaban a la comba, y altern\u00e1bamos con ellas intercambiando cromos o jugando a las tabas y similares. Por nuestra parte, los juegos eran el p\u00eddola o bien, apoy\u00e1ndose el primero de la fila sobre el tronco y de espaldas, el adivina qui\u00e9n te dio. Al final, todos nos junt\u00e1bamos en el juego del escondite.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eran tiempos dif\u00edciles en los que se usaba m\u00e1s la imaginaci\u00f3n que el est\u00f3mago. Cualquier cosa pod\u00eda servir de juguete: una lata, un tarugo de madera, una caja de cart\u00f3n; s\u00f3lo era cuesti\u00f3n de fantas\u00eda, nuestra mejor aliada para ser felices.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bajo aquel \u00e1rbol gigante surg\u00edan amistades, enfados y reconciliaciones. Era como nuestro patriarca de tribu infantil que nos daba cierta sensaci\u00f3n de seguridad, contribuyendo a paliar las posibles contingencias familiares o escolares. Gracias a \u00e9l tuve la oportunidad de conocer a Inma. Le gustaba estar siempre con los chicos, participando en sus juegos en los cuales pugnaba por competir y aparentar ser tan capaz como ellos. Precisamente, por causa de su osad\u00eda, una vez se subi\u00f3 a las ramas m\u00e1s altas de \u00e1rbol y despu\u00e9s no se atrev\u00eda a bajar. Entonces, como nadie la ayudaba, acud\u00ed a socorrerla con riesgo de caernos ambos al suelo. Cuando afortunadamente llegamos abajo me dio un abrazo muy grande con un beso muy corto. Desde entonces fuimos compa\u00f1eros inseparables y, con el tiempo, esa amistad infantil deriv\u00f3 en enamoramiento juvenil hasta el presente, en el cual ya somos abuelos y casi tan viejos como el \u00e1rbol que nos uni\u00f3. \u00c9l fue testigo de nuestro amor y cuando viajar era imposible para la mayor\u00eda de la gente, Inma y yo, tumbados sobre la hierba debajo de su amplia c\u00fapula, imagin\u00e1bamos que era semejante a un barco, nuestro barco, en cuyo seno \u00edbamos navegando sobre la inmensidad del cielo azul durante el d\u00eda, o atravesando el oc\u00e9ano del firmamento por la noche; entonces so\u00f1\u00e1bamos viajes en alas de la fantas\u00eda mientras las hojas, agitadas por el viento, jugaban con los rayos del sol o con las estrellas. A veces, las nubes lo hac\u00edan tambi\u00e9n con la luna, d\u00e1ndonos una permanente sensaci\u00f3n de movimiento. El \u00e1rbol parec\u00eda, al mismo tiempo, como un escudo protector frente al universo, ofreciendo su ramaje para eliminar el v\u00e9rtigo ante el im\u00e1n de su magnitud infinita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo largo del tiempo y la distancia ahora hemos vuelto de viaje desde muy lejos para recordar aquellos a\u00f1os y saludar a nuestro amigo, el \u00e1rbol de la infancia, y posiblemente, a causa de la edad, para despedirnos de \u00e9l definitivamente; tal circunstancia no es motivo de pena, porque, al fin y al cabo, es ley de vida, pero en cambio produce tristeza el hecho de ver que a su alrededor se ha formado un parque infantil con variedad de columpios y que est\u00e1 pr\u00e1cticamente vac\u00edo. Seguramente, ante la competencia actual de videojuegos o similares, se ven pocos ni\u00f1os y casi todos, salvo nuestros nietos con quienes hemos venido, se distraen con sus m\u00f3viles sin tener ning\u00fan inter\u00e9s por los columpios, ajenos a los que les rodea. Por supuesto, al \u00e1rbol no le hacen caso, por lo que han regresado las hormigas y los p\u00e1jaros, pero, a pesar de tal compa\u00f1\u00eda, de sus trinos y gorjeos, parece abandonado, como fuera de lugar. Se le nota triste por la indolente manera de moverse sus ramas y, cuando le miro, parecemos compartir nuestra a\u00f1oranza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siento una llamada. Es Inma que se acerca con los nietos. Una vez juntos frente a nuestro viejo amigo, buscamos el coraz\u00f3n grabado en su d\u00eda sobre la corteza. All\u00ed segu\u00eda con las iniciales casi ilegibles y a mayor altura. Acariciamos su tronco y nos dimos, como la primera vez, un abrazo y un beso, aunque en esta ocasi\u00f3n ambos fueron igual de largos. Los nietos nos miraban sorprendidos y sonrientes; pero el \u00e1rbol, comprensivo, parec\u00eda acogernos como si fu\u00e9ramos sus frutos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando nos alej\u00e1bamos de all\u00ed sentimos un rumor de hojas. Volvimos la mirada: agitado por un inesperado golpe de viento, nuestro amigo mov\u00eda sus ramas con fuerza en se\u00f1al de despedida, como agradeciendo la visita. Despu\u00e9s, antes de irnos del parque, estuvimos un rato jugando con los nietos y usando los columpios. S\u00f3lo entonces los ni\u00f1os que hab\u00eda por all\u00ed dejaron de mirar sus m\u00f3viles al ver nuestro balanceo o tir\u00e1ndonos por los toboganes. Al principio se rieron a costa nuestra, pero no nos importaba porque tal situaci\u00f3n era ya un triunfo personal para nosotros, sobre todo cuando, espont\u00e1neamente, decidieron seguir el ejemplo, haci\u00e9ndonos compa\u00f1\u00eda y olvid\u00e1ndose de sus m\u00f3viles. Ellos y nosotros, todos, volvimos a ser ni\u00f1os de verdad. Y en medio del parque, moviendo sus ramas alegremente, nuestro \u00e1rbol tambi\u00e9n.<\/p>\n<p><a class=\"dt-pswp-item\" href=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/ASOCIACIONES-05.02.jpg\" data-dt-img-description=\"\" data-large_image_width=\"855\" data-large_image_height=\"552\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-7290 aligncenter\" src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/ASOCIACIONES-05.02.jpg\" alt=\"\" width=\"855\" height=\"552\" srcset=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/ASOCIACIONES-05.02.jpg 855w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/ASOCIACIONES-05.02-300x194.jpg 300w, https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/ASOCIACIONES-05.02-768x496.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 855px) 100vw, 855px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong><a class=\"dt-pswp-item\" href=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/ASOCIACIONES-05.03.jpg\" data-dt-img-description=\"\" data-large_image_width=\"131\" data-large_image_height=\"189\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-7291\" src=\"https:\/\/caumas.org\/revista\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/ASOCIACIONES-05.03.jpg\" alt=\"\" width=\"131\" height=\"189\" \/><\/a><\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>Juan Francisco Ace\u00f1a Caballero<\/strong><\/em><br \/>\n<em><strong>Alumno de APFA<\/strong><\/em><br \/>\n<em><strong>Socio de ALUMA<\/strong><\/em><br \/>\n<em><strong>Universidad de Granada<\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row full_width_row=&#8221;true&#8221;][vc_column][vc_single_image image=&#8221;7289&#8243; img_size=&#8221;full&#8221; alignment=&#8221;center&#8221; image_hovers=&#8221;false&#8221; css=&#8221;.vc_custom_1649160740265{background-color: #4b1a5f !important;}&#8221;][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text] En el mes de febrero se reun\u00edan los integrantes del jurado del premio de Relato Corto de la Asociaci\u00f3n de Alumnos del Aula Permanente \u00a0ALUMA, formado por\u00a0D\u00aa Concepci\u00f3n Argente del Castillo,\u00a0como presidenta;\u00a0D\u00aa Mar\u00eda Isabel Montoya, como vocal; y\u00a0D. 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