Durante 3 días, un grupito de estudiantes seniors, de la asignatura de Geología de la Facultad de Biología, de la Universidad de Vigo, acompañados del profesor, nos hemos desplazado a Ciudad Real con el fin de conocer el Parque Nacional de Cabañeros, previamente habíamos contactado con el geólogo Juan Carlos Gutierrez-Marco del Instituto de Geociencias (CSIC-UCM), para que nos hiciese de guía.
Juan Carlos nos ha regalado su tiempo, haciendo que in situ se materialice todo lo que habíamos aprendido en clase, nos transmite su pasión por la geología, con ese arte que tiene para explicar lo complicado, amena y sencillamente, nos hace ver eventos geológicos grabados en las rocas que con nuestros ojos de principiantes nos sería imposible deducir.
El Parque Nacional de Cabañeros tiene una extensión de más de 40.000 hectáreas, está enclavado en el norte de la provincia de Ciudad Real y sur de Toledo.
Se intentó llevar a cabo, el proyecto de convertirlo en el mayor campo de tiro de Europa para la aviación militar, para pararlo ha intervenido la Junta de Castilla-La Mancha y una amplia participación social, tras un largo proceso, en noviembre del 1995, se ha declarado Parque Nacional.
Actualmente se puede disfrutar de sus interesantes rutas, a caballo, a pie, en 4×4, en piragua, apreciando su fauna y su flora, sintiendo sus colores, sus sonidos, sus noches estrelladas , sus yacimientos paleontológicos, todo lo que nos muestra su geología, podremos saber cómo emergieron los Montes de Toledo del mar a la superficie.
En esta crónica no abundaré en explicaciones de geología, en el enlace siguiente, realizado por científicos, entre ellos el geólogo que nos acompaña, se encuentra toda la información referida al Parque Nacional de Cabañeros.
Salimos de madrugada de Vigo, tenemos por delante 745 Kms. y 3 días, nuestro entusiasmo es inmenso y la ilusión que llevamos en el coche roza el pico más alto.
Nos encontramos con Juan Carlos, en Ventas con Peña Aguilera, para hacer la primera parada muy cerquita de allí y entrar de lleno en geología. Vemos un sinclinal, todas las montañas que lo rodean tienen la misma altura y estamos pisando una planicie denominada raña, que se ha formado por cantos rodados y arcillas arrastrados desde las montañas que rodean este valle.
Hace 3 millones de años esas montañas han soportado un período periglaciar, los cambios de temperatura han hecho que las rocas de las montañas se fragmentasen por el congelamiento del agua en las fracturas, esta meteorización ha formado los canchales que podemos observar desde donde estamos. Es la erosión la que se encarga de retirar el material de los canchales, los agentes de transporte los captan y los llevan a zonas de mayor estabilidad, por lo que van colmatando el valle hasta formar la raña donde nos encontramos.
La siguiente parada es una casa particular aislada, que tiene como característica que en los zócalos y parte de las paredes están pegadas rocas donde se ven cruzianas e icnofosiles.
El dueño resultó ser un hombre sensible, en su ignorancia recogió esas formas sugerentes y haciendo lo contrario de todos los lugareños, dejó visible el lado fosilizado en vez del liso. En su rostro pudimos ver el orgullo de exhibir su obra, como colofón nos llevó a su garaje a mostrarnos otra obra maestra que nada tenía que ver con la anterior, resultó ser un coche que lo recogió inservible, y lo convirtió en otro, que es la envidia de cualquier aficionado o coleccionista, pudimos corroborarlo con las fotografías del antes y después.
Ya mediodía llegamos a la casa rural Boquerón de Estena, regentada por otra pareja senior, Lola y Julio. Lola tiene un rostro lleno de paz, con unos ojos claros y limpios que miran y lo saben todo, enseguida sientes su cercanía en el relax que provoca sentirte en casa. Julio conserva esa mirada pícara de niño travieso que disfruta con sus “trastadas”, queriendo hacer felices a los demás, como más tarde comprobaríamos.
Lola nos tenía preparado un almuerzo sorprendente, berenjenas rellenas, ciervo guisado, un postre de brownie y helado, y el vino, un valdepeñas con nombre de un fósil de la zona, dedicado a ella por los paleontólogos Paralenorthis lolae , en las sucesivas comidas y cenas seguimos disfrutando de su cocina, a destacar un menú paleozoico bien calibrado por Lola para satisfacer nuestras necesidades del momento, y unas galletas artesanas en forma de Trilobites.
Al salir del comedor y acceder a los dormitorios y salón, se recorre un pasillo, que es un museo etnográfico, se hacinan aperos de labranza, máquinas de coser y demás antigüedades de la zona con algún fósil por medio, la casa es muy acogedora y Julio nos tenía otra sorpresa, su museo paleontológico.
Julio no es paleontólogo ni ejerce, simplemente es un aficionado, aunque no un diletante, en el sentido de que no lo hace de manera superficial, es un gran conocedor y apasionado de la geología y paleontología de la zona.
El museo cuenta con dos réplicas importantes, se trata de unos moldes hechos con silicona y otro material, una es de las trazas de gusanos gigantes y otra de una enorme cruziana, los dos se encuentran en el parque y son geositios que forman parte del Patrimonio geológico español junto a la discordancia toledánica, cuenta también con una maqueta enorme de trilobites, además Julio tiene una abundante colección de fósiles de la zona y de algún viaje, entre ellos Marruecos.
Ya de tarde nos hemos ido a la búsqueda de fósiles en las pizarras, guiados por Juan Carlos, hemos encontrado artrópodos como los trilobites, bivalvos, graptolitos, etc. nuestro profesor, el otro geólogo, nos ha provisionado de un martillo de geólogo a cada uno, bolsas y periódicos para envolver los hallazgos y transportarlos sin que se fragmenten, todos hemos encontrado fósiles muy interesantes, experimentamos el placer de abrir una pizarra con el martillo y que aparezca un bivalvo, trilobites, etc., ya en nuestras mochilas para nosotros son tesoros.
A continuación nos separamos en dos grupos, unos en 4×4 y otros en Nissan para recorrer el parque durante muchos kms., caminos de tierra rojiza, entre alcornoques, robles, encinas. Los ojos de Julio están entrenados para el avistamiento de cualquier animal, cuando nos avisaba nos costaba verlos en la lejanía, aves, liebres, ciervos solitarios, en grupitos de 2 y 3 y en manadas, al caer la tarde por la luz mermada, se dejaban ver más cerca y no escapaban al sentir que abríamos las puertas del coche para fotografiarles.
Aparecían a derecha e izquierda, en un momento que llevábamos a la par del coche un grupito de cuatro, vemos que cruza el camino delante de nosotros un enorme jabalí, que nos ha hecho lanzar un grito.
Julio, además de sus conocimientos de geología y paleontología, es un experto en la flora y fauna del parque, nos va explicando las distintas especies que vamos viendo.
El camino está lleno de baches, y atravesamos zonas que más que caminos parecen riachuelos, a Julio le ha salido su vena traviesa y para divertirnos no duda en pasar a gran velocidad creando una ola que cubre el coche, haciendo derrapes y saltando alguna pequeña loma, nos sentíamos seguros con él, pues es un experto conductor, acostumbrado a conducir por las dunas del desierto.
Después de tanto sobresalto disfrutamos de esta puesta de sol.
Y ya con poca luz nos hemos detenido para fotografiar este árbol, inexplicablemente de pie, con el peso de tantos nidos de cigüeñas.
Lola nos esperaba con una suculenta cena y una buena tertulia disfrutada con unas botellas de cava del Penedés con las que nos obsequió nuestro profesor.
Al día siguiente de mañana nos dirigimos a hacer la Geo-Ruta del Boquerón de Estena, es una de las 6 rutas que se pueden hacer en el parque a pie.
Nos adentramos y aparecen los primeros afloramientos rocosos y dejamos que nos hablen en boca de Juan Carlos, y nos hablan de ese pasado marino entre los 520 y 465 millones de años, las evidencias van apareciendo y nos detenemos para escuchar lo que nos cuentan, siempre con todos nuestros sentidos alerta, escuchando las aves, el murmullo del río Estena atravesando los estratos fosilíferos de la era paleozoica, recreándonos en los colores, la jara, las peonías, diente de león, el brezo, fresno, el día soleado ayuda y la temperatura no puede ser mejor.
Nuestro ánimo es excelente y recogemos toda la información que nos va dando Juan Carlos, vemos rizaduras de oleaje, resacas o tormentas de hace millones de años.
Una enorme roca formada por materiales triturados nos indica que es una falla, continua en el otro extremo del camino diferenciando los afloramientos que están a su lado, nos detenemos en la discordancia toledánica, en una parte están en vertical los estratos del Cámbrico y en la otra del Ordovícico inclinados, podemos poner un pie en cada uno de los períodos separados por millones de años, no dudamos en escalar unas rocas para apreciar una anémona de arena.
Seguimos avanzando atrás en el tiempo y llegamos al geositio donde se encuentran las huellas de la actividad de los gusanos gigantes, descubiertas por Juan Carlos hace unos años. Se trata de la huella más antigua, 475 millones de años, de estos animales gigantes encontrados en el planeta, cuesta creer que estas rocas han estado sumergidas en el mar cerca de las playas de Gondwana, estos gusanos medían más de un metro, se desplazaban con sus movimientos peristálticos en horizontal por la arena haciendo galerías a pocos metros de profundidad.
Continuamos un trecho más y ya nos encontramos con una valla indicativa de zona privada, unas cuantas hectáreas (un 45%), todavía pertenecen a grandes terratenientes. Hemos experimentado en este recorrido caminando, el paso del tiempo geológico de millones de años entre el Cámbrico y el Ordovícico
Desanduvimos lo andado, sin paradas, Lola nos esperaba con otro suculento menú, después de la comida, Juan Carlos regresaría a Madrid, imposible dilatar su estancia más tiempo, muy agradecidos nos despedimos de él y ya solamente con Julio de guía, invertimos la tarde en recorrer otra zona del parque.
La tarde era plácida, nos detuvimos en un mirador, que es un punto estratégico para escuchar y ver La berrea, al no ser la época nos quedamos con la espectacularidad del paisaje.
Nuestra última visita de la tarde sería a Hontanar, llegamos a un paraje inquietante, nos detenemos en la torre militar de Malamoneda, del SXIII, quedan en pie dos paredes, en una piedra hay una inscripción romana, se sabe que ha pasado diferentes etapas, romana, visigoda, musulmana y que fue un asentamiento templario, la torre está en un lugar estratégico para vigía, muy cerca están las ruinas de las casas abandonadas con sus corrales, y una edificación que se sigue especulando que fin tenía, sentimos en nuestra piel las energías telúricas de este enigmático lugar y Julio añade misterio contándonos una leyenda sobre el pueblo, nos habla de unas monedas envenenadas causantes de que los lugareños enfermasen y evacuasen el pueblo. De ahí el topónimo Malamoneda.
Seguimos adelante, atravesamos un bosque de rocas de diferentes formas, algunas de forma esférica, haciendo equilibrios, caía la tarde y las sombras se proyectaban dando un aspecto siniestro al lugar, por todas partes vemos tumbas excavadas en las rocas de granito, una necrópolis con más de 100 tumbas antropomórficas. Continuamos hasta llegar al río y una pequeña presa.
En uno de los lindes de una finca veo este árbol que hace que mi sensibilidad se dispare, por mi cabeza pasa denuncia a ONG ecologista, le pregunto a Julio y me dice que es bastante común en esa zona poner cadenas de un árbol a otro para cerrar el paso.
Después de tanta belleza que hemos visto estos días, es realmente una imagen lamentable.
Ya de mañana en el tercer día, después de desayunar nos despedimos de esta pareja tan entrañable y que tan grata nos hizo nuestra estancia, Lola y Julio, con promesas de volver, por falta de tiempo nos ha quedado mucho por ver, pues el Parque Nacional de Cabañeros tiene mucho que ofrecer.
Decidimos almorzar en Salamanca, una parada en Hervás para visitar su magnífica judería, llegamos a Salamanca, paseo por la Plaza Mayor y una comida excelente.
De regreso a Vigo, en nuestro coche se respiraba satisfacción, imbuidos de geología, sentimos que los lazos de nuestra amistad se han reforzado, y nuestra conversación deriva a hacer planes de futuros estudios y viajes.
El Parque Nacional de Cabañeros quedará en nuestro recuerdo como un viaje memorable.
Autor: Carmen López.
Bibliotecaria de CAUMAS
































