Melilla es uno de esos destinos que sorprenden desde el primer día. Pequeña en tamaño, pero llena de historia, patrimonio, cultura y vida en sus calles, la ciudad se convierte en una escapada perfecta para quienes disfrutan viajando con calma y descubriendo lugares diferentes.
Así lo cuenta Bruce Taylor, exdirector de Turismo Británico en cinco países europeos y actual editor de Voces de AUDEMAC, de Comillas Campus Senior, Universidad Pontificia Comillas. Junto a su mujer, pasó una semana en Melilla para celebrar su 53 aniversario de boda. Aunque al principio algunos amigos se preguntaban qué podían hacer allí durante tantos días, la respuesta fue clara: siete días se les quedaron cortos.
Una ciudad que invita a mirar con calma
Melilla tiene una personalidad muy especial. Es una ciudad tranquila, amable y con un ritmo pausado, donde la gente conversa, ayuda al visitante y muestra un gran orgullo por su tierra. Desde el primer trayecto en taxi, Bruce Taylor percibió esa acogida cercana que terminaría marcando toda la experiencia.
A pesar de su historia compleja y de su situación fronteriza, Melilla transmite serenidad. Sus calles, plazas, parques y miradores invitan a pasear sin prisas, a observar los detalles y a dejarse sorprender por un entorno que mezcla influencias mediterráneas, africanas y españolas.
Modernismo y patrimonio al aire libre
Uno de los grandes atractivos de Melilla es su patrimonio modernista. Sus avenidas, edificios con chaflanes, balcones, fachadas decoradas y construcciones singulares hacen que recorrer la ciudad sea como caminar por un museo al aire libre.
La figura de Enrique Nieto, discípulo de Gaudí, está muy presente en la ciudad. Llegó a Melilla en 1909 y trabajó allí durante décadas, dejando una huella arquitectónica fundamental. Gracias a él y a otros profesionales de la época, Melilla conserva un conjunto modernista de gran valor, muchas veces desconocido para quienes todavía no han visitado la ciudad.
Historia y diversidad cultural
Melilla también es una auténtica lección de historia. Melilla la Vieja, con sus recintos fortificados, murallas y museos, permite comprender mejor el pasado militar, estratégico y social de la ciudad. Cada rincón ayuda a explicar cómo se ha ido construyendo su identidad a lo largo de los siglos.
Otro de sus rasgos más especiales es la convivencia de culturas. Cristianos, musulmanes, judíos e hindúes han formado parte de la vida melillense, dejando huella en sus edificios, tradiciones y espacios de culto. La Sinagoga de Or Zaruah y la Mezquita Central son dos ejemplos de esa riqueza cultural que forma parte del día a día de la ciudad.
Paseos, parques y visitas guiadas
Para conocer bien Melilla, las visitas guiadas son una opción muy recomendable. Bruce Taylor destaca tres recorridos: Melilla la Vieja, Melilla sefardí y Melilla modernista. Cada uno permite acercarse a la ciudad desde una mirada distinta y entender mejor su patrimonio.
También merece una parada el Parque Hernández, situado en pleno centro. Es un espacio verde con árboles singulares, fuentes y zonas de sombra, ideal para descansar, pasear y observar el ambiente local. En Melilla, como recuerda el autor, no hace falta tener prisa.
Una ciudad amable y fácil de disfrutar
Uno de los aspectos que más sorprendió a los viajeros fue la amabilidad de la gente. Taxistas, guías, trabajadores, vecinos y personas encontradas por la calle se mostraron siempre dispuestos a ayudar, conversar y compartir recomendaciones.
Esa cercanía convierte la experiencia en algo especialmente agradable para el viajero sénior. Sentirse bien recibido, poder preguntar con confianza y encontrar personas dispuestas a orientar facilita mucho la visita y hace que el destino se disfrute todavía más.
Sabores para compartir
La gastronomía melillense refleja también la mezcla cultural de la ciudad. Tapas, raciones, pescado, cocina marroquí, platos sefardíes y helados forman parte de una oferta variada y sabrosa.
Durante su estancia, Bruce Taylor y su mujer disfrutaron de platos como carpaccio de lubina, boquerones al limón, pastelas, pinchos morunos, tajine de pollo o ensalada sefardí. Comer en Melilla es también una forma de descubrir su historia y su convivencia multicultural.
Un destino para recomendar
Melilla reúne en muy poco espacio historia, arquitectura, mar, cultura, buena gastronomía y una población especialmente acogedora. Es un destino ideal para quienes buscan viajar de otra manera: con calma, curiosidad y ganas de aprender.
Como resumen de su experiencia, Bruce Taylor la define como una joya escondida de España. Una ciudad bonita, limpia, cuidada, llena de historia y con habitantes agradables y comunicativos. Un lugar que sorprende y que demuestra que todavía quedan destinos capaces de conquistar al viajero desde la sencillez, la convivencia y la autenticidad.


