El único bar que hay en Calzada estaba a tope de peregrinos, los dejamos atrás e iniciamos nuestro camino. A pocos metros de empezar tuvimos la suerte de encontrar a un peregrino con su perro que lo acompañaba con lo necesario para su viaje con unas pequeñas alforjas donde llevaba su saco y su comida. Fue una suerte poder disfrutar de su compañía y la de su amo que venían desde Sarria aunque son sevillanos.


