La historia concluye en el cementerio con el entierro del desdichado Pepe. Al borde de la tumba están su padre, Manuel; su madre, Rosario y su hermana, Tonia. El padre toma un puñado de tierra, la huele y mirando a su esposa se la muestra y pronuncia unas palabras que darán lugar a un intenso, conmovedor, pero también desgarrador diálogo
entre los tres:


