
Es sábado día 13 de Enero, día que se prevé lluvioso. Son cerca de las 8 de la mañana, y un grupo de amigos pertenecientes a Audema estamos ya subidos en un autobús que nos va a llevar desde nuestra Carpetania hasta tierra de Vetones, Vacceos y Lusitanos, o sea, a Plasencia y Coria.
Como es habitual en estos viajes que organiza Audema, diez minutos antes de la hora ya estamos todos en el autobús, bueno todos no, Emilia llega a las 8 en punto, pero contenta porque no es la última, faltan dos personas, aunque tras unos 10 minutos de incertidumbre, finalmente comprobamos que llevan un buen rato en sus asientos, con lo que podemos iniciar la marcha.
La primera sorpresa es que nos recibe sentado en el autobús Manuel Rey, pero no nuestro querido profe y amigo, sino el conductor que curiosamente se llama igual. Aprovecho para desear, como sé que todos nosotros, una pronta recuperación a nuestro Manuel, con sus charlas infinitas, sus chistes, sus canciones, y toda esa alegría y conocimiento que derrocha. Recupérate muy pronto, que te echamos mucho de menos.
Recogemos en Madrid a otros compañeros y ya salimos para Extremadura. Cerca de las 10 de la mañana paramos a la entrada de Talavera de la Reina, ciudad conocida en todo el mundo por su cerámica principalmente, y tras un refrigerio y comentar la batalla que hubo allí en 1809, donde el futuro Duque de Wellington, al frente de tropas españolas, portuguesas e inglesas dio leña al ejército napoleónico, dirigido por el mismísimo José Bonaparte, seguimos viaje.
Al llegar a Navalmoral de la Mata, cruzamos el Campo del Arañuelo y dejamos la Nacional V para dirigirnos a Plasencia por la EX.A1. Dejamos a la izquierda el Palacio de las Cabezas, propiedad del Marqués de Comillas, Conde de Güell y Grande de España (ahí es nada), donde Franco se reunió en varias ocasiones con D. Juan de Borbón, entre los años 1954 y 1960, para decidir el futuro de este país nuestro, y acabaron colocándonos al principito Juan Carlos como futuro gobernante.
También dejamos a un lado la entrada al Parque Nacional de Monfragüe, zona preciosa cruzada por los ríos Tajo y Tiétar, donde contamos con una colonia protegida de buitres leonados (500/600 parejas), dicen la más importante del mundo. También hay buitres negros, águila imperial, real y perdicera, también cigüeñas negras, búhos, etc….
Llegamos por fin a Plasencia sobre las 12 de la mañana y, como se había previsto, llueve un poco, pero no tenemos que sacar las cadenas ni las palas, ni el resto del equipo de alta montaña que algunos llevaban.
Nos alojamos en el Hotel Alfonso VIII, de buena calidad y bien situado. Nos cuenta luego nuestra guía que hasta la inauguración del Parador Nacional fue el mejor hotel de la plaza. Subimos por su escalera monumental con unos espejos dorados y enormes que nos dicen provienen de la subasta realizada al cerrar el Casino de la Plaza.
Una vez aposentados y ya sin maletas, aprovechamos el tiempo libre hasta las 2 de la tarde en que comeremos, y nos vamos a tomar un primer contacto con esta ciudad con mucha historia, y también para tomar unos vinitos de la zona.
Se sabe que andaban por allí hace mucho tiempo tribus vetonas, vacceas y lusitanas (igual Viriato se pasó a tomar una caldereta o unos torreznos por allí). Luego los romanos buscando sus explotaciones mineras, después los visigodos y almohades, pero en 1186 llega Alfonso VIII, el de las Navas, y la conquista, iniciando la construcción de esas murallas que aún hoy podemos ver rodeando la casi totalidad del casco histórico.
En 1195, tras la derrota de Alfonso en la batalla de Alarcos, Plasencia vuelve a manos almohades, pero solo un año después, vuelve a ser recuperada, ya para siempre, y acaban finalmente las murallas. Inicialmente recibe el nombre de Ambracia, que cambia pronto al actual al darles Alfonso VIII el lema “ut placeat Deo et hominibus”. Ya sé que sabéis todos lo que significa pero por si acaso: “Para placer de Dios y de los Hombres”.
Fue ciudad de realengo hasta 1442 en que Juan II la titula Condado y se la entrega a Pedro de Zúñiga, pero en 1488 los lugareños y su gobierno municipal, cansados del entonces Duque Alvaro de Zúñiga, se la entregan a los Reyes Católicos. Desde ese momento la ciudad acoge a lo más nombrado de la nobleza extremeña, que fue dejando un legado histórico-artístico en la Plaza, magníficamente conservado y que es el objeto de nuestra visita.
Son las 4 de la tarde, ya hemos comido en el hotel, muy bien por cierto, y nos encontramos en la recepción con Montaña, ex – técnico municipal y licenciada en Geografía e Historia, reconvertida como consecuencia de la crisis en Guía de la zona. Me encantó, al igual que creo a todos vosotros, su forma de explicar sencilla y tranquila, con un gran conocimiento histórico y geográfico de la zona, sin apabullar con nombres y fechas.
Entramos al casco histórico por la Puerta de Talavera, hoy inexistente. Parece ser que Felipe V quería visitar la Plaza y derribaron la puerta para construir algo más bello y elegante, pero no contaron con la crisis (no sé si gobernaba ya Zapatero o era otro) y se quedaron sin puerta vieja y sin la nueva. Vamos, que hoy hay un hueco en la muralla por donde entramos hacia la Plaza Mayor.
La Plaza Mayor está presidida por el Palacio Municipal (Casa Consistorial), edificio renacentista que Juan de Álava proyecta en 1523, pero que los regidores de la ciudad modifican para que tuviera portales y corredores, donde presidir las corridas de toros, ya famosas entonces. Hoy se sigue celebrando un original mercado desde la época medieval, todos los martes.
En el exterior de la torre de ese edificio nos recibe un muñeco conocido como el Abuelo Mayorga, construido en el siglo XIII (200 años antes de la construcción del Palacio), y que sujeta un martillo con el que golpea la campana cada media hora. El muñeco original fue destruido durante la invasión francesa, siendo el actual de 1977.
En uno de los laterales del Ayuntamiento está la Cárcel Antigua, construida en el siglo XVII, con fachada de sillería y un gran escudo de Felipe IV.
Salimos de la Plaza Mayor rodeando un edificio de finales siglo XIX o primeros del XX, con formas gaudianas, construido por una familia local, cuyo hijo estudió Arquitectura en Barcelona. Pasamos por la Iglesia de San Esteban y el Mercado de Abastos, y recorriendo la calle Santa Clara dejamos a un lado la Casa de la Cultura y Portada de las Claras a un lado, hoy oficina de turismo, y el Convento de las Claras al otro lado.
Antes de llegar a la Catedral, vemos una calle preciosa con distintos pasadizos que unen los edificios en altura, donde se encuentra el Monasterio de la Encarnación, con sus monjitas dominicas que venden unos sabrosos dulces de la zona, perrunillas, rosquillas de yema, etc., que vamos echando a la mochila, por si la nevada nos acaba dejando aislados.
Llegamos ya a la Plaza de la Catedral, aunque debería llamarse de las Catedrales, porque hay dos. Aquí, para que no les pasara como más tarde en la Puerta de Talavera, no tiran la Antigua Catedral Románica, sino que van derribando tramos, al tiempo que van construyendo la Catedral Nueva, más grande, y siempre acosando a la Vieja con paredes y arcos más elevados.
Plasencia en 1189, solo tres años después de su fundación, dispone de sede obispal, con jurisdicción sobre Medellín y Trujillo. En el siglo XIII, en medio de la transición del Románico al Gótico, comienza a construirse la conocida como Catedral Vieja, con una bella y nostálgica portada románica de arco de medio punto y hermosas arquivoltas, destacando en la hornacina de su frontispicio la escena de la Anunciación de la Virgen.
Tras esa puerta, tres naves y cuatro tramos con bóveda de crucería, obra de Gil de Cislar, es lo que nos queda de esa primitiva Catedral Vieja, aparte del claustro y la conocida como Capilla de San Pablo, anexa al claustro y antigua Sala Capitular, obra de estilo románico-gótico, con influencias bizantinas y orientales. En su interior podemos ver a la Virgen del Perdón, escultura de piedra románica, y sobre esta sala se encuentra la popular Torre del Melón, visible desde la zona exterior abalconada sobre el río Jerte, y que ha estado cerrada durante años, por un conflicto entre el Obispado y el Concejo, en cuanto a quién era el propietario de esa terraza.
En 1498 comienza a construirse la Catedral Nueva, siendo obispo Gutiérrez Álvarez de Toledo, y se finaliza, por decirlo así, en 1578, fecha en que, por falta de fondos, se paralizan las obras, llegando el trascoro de la Nueva hasta las naves de la Vieja, lo que se aprecia muy bien actualmente tras las obras de limpieza realizadas en el interior de la misma, aunque realmente donde la paralización de las obras es llamativo, es donde se estaban iniciando los arcos del nuevo claustro, y aún se mantiene el arranque de los arcos del Viejo Claustro, auténtico nexo de unión de ambas catedrales.
Estas obras fueron dirigidas por Arquitectos muy conocidos de la época, como fueron Juan de Alava, Alonso de Covarrubias, Diego de Siloé y nuestro conocido Rodrigo Gil de Hontañón.
Esta Catedral Nueva cuenta con dos magníficas fachadas renacentistas, de estilo plateresco, la Norte es obra de Gil de Hontañón, y la Sur, conocida como “del Enlosado” se atribuye a Diego de Siloé.
En el interior, con tres naves y crucero con bóveda de crucería, destaca especialmente el Retablo Mayor, obra de uno de nuestros genios de la escultura e imaginería, Gregorio Fernández, donde resalta la imagen en madera del siglo XIII de la Virgen del Sagrario.
Esta Catedral Nueva cuenta también con uno de los coros más bellos de España, sillería del maestro Rodrigo Alemán, que se fabricó para la Catedral Vieja pero finalmente se instaló ya en la Nueva en 1567, tras estar guardada casi 60 años.
Algo poco artístico e histórico, pero llamativo, es la persecución a que nos someten los vigilantes de la Catedral, no para evitar la sustracción de alguna de sus magníficas obras de arte, sino para que no cometamos el delito imperdonable de hacer fotos. Fue curioso y hasta gracioso a veces, como nos iban siguiendo por todo el recorrido. Alguno que tuvimos la temeridad de querer hacer alguna foto recibimos el aviso casi divino por megafonía, de que íbamos a ir al infierno si seguíamos en esa actitud.
Salimos de las Catedrales y vemos la Casa del Deán, del siglo XVII, que cuenta con un magnífico balcón en ángulo, dirigiéndonos hacia la Casa de las Dos Torres, o Palacio de los Monroy, con portada románica y fachada neogótica, edificado en el siglo XIII por Don Nuño Pérez de Monroy. En este Palacio se alojaron personajes como Fernando el Católico y San Pedro de Alcántara. En su fachada está el escudo de la familia de los Carvajales, una de las más importantes en la historia de la ciudad.
Enfrente de este palacio, y con la Plaza e Iglesia de San Nicolás en medio (dicen que para que no pudieran verse los Zúñiga y los Carvajales), se encuentra el Palacio de Los Marqueses de Mirabel, construido por Alvaro de Zuñiga y Leonor de Pimentel en el siglo XV. Cuenta con un patio neoclásico de dos pisos y un balcón al exterior de estilo plateresco. En su interior cuenta aún con una colección de arte importante, con piezas de la Roma clásica, azulejos del Monasterio de Yuste, y colecciones de caza.
Estos Zúñiga cometieron el error de ponerse del lado de La Beltraneja en la Guerra Civil que enfrentó en Castilla a los Trastámara, mientras que los Carvajales defendieron a Isabel, con lo que al final del enfrentamiento la familia Carvajal quedó por encima de los Zúñiga en el control de la ciudad de Plasencia, aunque estos últimos siguieron contando con un gran poder.
Siguiendo la fachada del Palacio de Mirabel, hacia la izquierda, nos encontramos con la iglesia de Santo Domingo y Convento de San Vicente Ferrer, hoy Parador Nacional. Esta edificación se construyó por los Zúñiga y, como muestra de su poder dieron una altura a los mismos superior a la de la Catedral. Su claustro, del siglo XV, es renacentista, y posee una escalera monumental.
Cruzamos por el pasadizo bajo el Palacio de Mirabel y llegamos a la Puerta de Berrozana, muy reformada, donde encontramos un escudo de los Reyes Católicos y el Arcángel San Miguel con su espada y su cruz.
Desde esta puerta hay una vista preciosa de la muralla de la ciudad bajo el Palacio de Mirabel y el hoy Parador Nacional, y ya desde aquí regresamos hacia la Plaza Mayor, donde nos dan un pase pernocta para pasear libremente hasta las 9 de la noche, hora en que cenaremos en el Hotel. Aprovechando que aunque no llovía, hacía algo de frío, la mayoría nos refugiamos en cafeterías de la zona, para recuperarnos de tanta cultura e historia.
Tras la cena, tan satisfactoria como la comida, alguno vuelve a salir de paseo por la ciudad, donde al parecer volvía a lloviznar, y la gran mayoría de nosotros nos vamos a descansar, para mañana sobre las 8 bajar al desayuno, y con el mismo autobús, conductor y guía, Montaña, nos iremos a tierras caurienses.
Una aclaración antes de irnos a Coria. Como soy tendente a escribir libros en mis comentarios, me han pedido cariñosamente que no escriba más de 200 o 300 páginas, por lo que estoy intentando resumir mucho. No pongo fotos ni más información, pero tenéis lo que preparé con solo 30 páginas antes del viaje, donde sí tenéis muchas fotos y más información de lo que estamos viendo.
Domingo 14, tras un buen desayuno en el tercer piso del Hotel, que nos permite ver la salida del sol (echándole imaginación porque era un día neblinoso), pero sobre todo admirar para despedirnos la catedral desde una posición privilegiada en las alturas, con su cimborrio iluminado.
A las 9,15 nos están esperando Manuel Rey y Montaña, a quien hemos cogido cariño y la llevamos a Coria con nosotros. Ya no llueve, ni lloverá el resto del día, incluso saldrá el sol a media mañana, pero el viaje de poco más de 30 Kms. no nos permite disfrutar del fantástico paisaje de la dehesa extremeña, por la niebla que hay.
Llegamos a Coria sobre las 10 y como no tenemos la visita programada de la Catedral hasta las 11, nos vamos a pasear por la ciudad con nuestra magnífica guía Montaña.
Coria tiene su propio río, el Alagón, y se conoce su ocupación desde el Paleolítico. Igualmente contó con población prerromana, posiblemente vacceos, vetones o lusitanos, que se instalaron en la zona de la actual Catedral, siendo conocida la ciudad como Caura.
Llegan los romanos y como siempre tienen que quedar por encima de todo, cambian el nombre a Cauria. A diferencia de Plasencia, la muralla que conservan en Coria rodeando todo el casco histórico, es romana, construyéndose en los siglos III y IV, dejando a la población intramuros para evitar su conquista, lo que sí consiguen más adelante los alanos, suevos y visigodos (como veis por aquí pasaron todos).
Ya posteriormente un rey árabe, Zeth ibn Casim, crea un Waliato independiente, que hará de Coria su capital con el nombre de Qúriya. Finalmente es conquistada por Alfonso VII el Emperador en 1142, tras dos años de asedio y batallas, y el rey leonés Alfonso IX, en 1210, la concede el Fuero de Coria, limitando el poder de los nobles a favor de los vecinos de la Villa.
Hoy por lo que es más conocida la ciudad es por los festejos taurinos que celebran por San Juan.
Accedemos al recinto amurallado por la Puerta de San Francisco o Puerta de la Cava o Puerta del Rollo, construida junto al foso del Castillo de Coria, construido por el Duque de Alba, familia que controlará el poder de la ciudad durante mucho tiempo. Este castillo fue construido sobre una anterior edificación defensiva, posiblemente templaria, ya que toda la frontera era controlada por la Orden del Temple.
El castillo es construido tanto como fortaleza, como señorial y su Torre del Homenaje es de planta pentagonal, con sillería perfectamente labrada y escuadrada, destacando sobre el resto de la construcción. En sus almenas y pretiles hay garitas en voladizo donde destaca el escudo del Ducado de Alba.
Salimos nuevamente por la Puerta de la Cava y paseamos junto a la muralla romana, de la que se conservan en la actualidad cuatro de sus puertas. Nos dirigimos a la conocida como Puerta de la Guía, que fue modificada en el siglo XVI, colocando en la parte superior un escudo de los Duques de Alba y una imagen de la Virgen, de ahí el nombre de La Guía.
Encima de las murallas y de alguna de las puertas que tenían salas para la guardia, hoy se han construido viviendas que siguen estando ocupadas. Otra curiosidad de las puertas es que siguen manteniendo puertas para su cierre, y que hoy sirven para cerrar el paso a los toros en las fiestas taurinas, y que puedan correr por todo el interior de la ciudad amurallada.
Entramos nuevamente a la ciudad por esta puerta y nos dirigimos hacia la Plaza Mayor donde se encontraba el antiguo Ayuntamiento y la Alhóndiga, luego bajamos por la calle Pizarro, dejando a un lado la Cárcel Real y al otro el Convento Madre de Dios, para llegar a la Puerta del Sol, flanqueada por dos torres.
Ya desde aquí nos dirigimos hacia la Catedral, pasando por la calle Oscura, donde se encontraba la Cárcel Eclesiástica, que aún conserva en su fachada el escudo del Obispo que ordenó su construcción, Juan José García Álvaro.
Llegamos a la Catedral, donde antes de comenzar la visita, nos asomamos a la barandilla que nos permite apreciar cómo fue construida sobre un talud que cae hacia el río Alagón, y donde anteriormente había una iglesia más antigua, de la que se conserva su claustro plenogótico. Anteriormente se encontraba ahí la mezquita árabe, con su patio de los naranjos, y antes una iglesia visigoda, un templo romano y posiblemente un altar prerromano.
El hecho de construirla en esa situación, para cubrir la anterior Mezquita, está provocando problemas, ya que el terreno se va deslizando hacia el río, y está provocando fisuras y grietas en las paredes de la Catedral.
Nos espera en la puerta Oscar, a quien nos presenta Montaña como un amante de la catedral y guía honorífico, con un gran conocimiento de su historia y de todos sus rincones.
Esta Catedral de la Asunción entronca el gótico final con el Renacimiento y cuenta con añadidos Barrocos. Se inicia su construcción en 1498, con una amplia y solitaria nave cubierta por crucería estrellada , típica del gótico decadente del siglo XVI. Su proceso constructivo llegará hasta el siglo XVIII.
Cuenta con dos portadas, una en la que nos recibe Oscar, conocida como la Puerta del Evangelio, tardogótica, con arquivoltas flanqueadas por pináculos flamígeros, obra de Martín de Solórzano. La puerta meridional, conocida como la Puerta del Perdón, y que es la principal a los pies del templo nos será comentada más tarde.
La torre junto a la puerta del Evangelio es muy ancha en proporción a su altura, habiendo sido diseñada por Manuel de Larra y Churriguera. Tiene cinco pisos, con fábrica de sillería, y cuenta con una terraza superior amatacanada.
En nuestra derecha mirando a la puerta nos encontramos con una balconada, conocida como el Balcón de las Reliquias, de una gran belleza, con numerosas representaciones de niños desnudos que representan el “sin pecado”.
Este balcón tiene su historia, pero Oscar también la deja para el final.
Pasamos al interior y nos encontramos con un crucero muy minimizado. Frente a la puerta Norte por donde entramos, se encuentra la Sur, que da al jardín, y al talud sobre el río.
La nave, como ya hemos comentado, es única y dividida en cinco tramos de bóveda de crucería estrellada. Este fenómeno solo se da en España en otras dos catedrales, las de Gerona y Ciudad Real.
Todo el perímetro de la iglesia se remata con pináculos y una balaustrada añadidos en el siglo XVIII, que era transitable hasta la reforma de los tejados efectuada a mediados del siglo XX.
La pared del ábside queda cubierta en su totalidad por el enorme retablo mayor, realizado en 1747 y que sustituyó a otro anterior, seguramente del siglo XVI. Sus autores fueron fray José de la Santísima Trinidad y fray Juan de San Félix, frailes trinitarios del convento de Hervás. Se articula en tres calles y en dos alturas y ático.
También son dignos de mención la sillería del coro, cerrado por rejería forjada de 1508, y sus órganos.
Ahora ya nos dirigimos a la Puerta del Perdón, principal de la Catedral, situada a los pies del templo. Si en toda la construcción hay distintos símbolos masónicos, es aquí donde su constructor, Juan de Álava, se explayó con ellos.
Esta puerta que es la meridional del templo, es plateresca. Tiene dos entradas con arco carpanel enmarcadas por columnas renacentistas y por encima hay sendos frontones triangulares con relieves de la Anunciación y el Nacimiento, la Adoración de los pastores, la Epifanía, San Pedro y San Pablo etc.
Estos frontones se dividen en tres partes cada uno de ellos, y a su vez en su conjunto forman un dibujo que representa la A y la M, Ave María, pero también el cartabón y el compás.
La posición de la Virgen con su pierna izquierda abierta en ángulo, dejando ver su rodilla también parecen ser detalles de la masonería.
Es curiosa también la escena en que se muestran los tres Reyes Magos, y donde uno de ellos, que pudiera ser el Emperador Carlos I, percibe que el Rey negro le mete la mano en el bolsillo, quizás para robarle, y mira para atrás de forma amenazante echando mano a la espada.
Por encima de la puerta se superpone un ventanal de arco apuntado pero de estructura y decoración renacentista.
Esta Puerta del Perdón solo se abre una vez al año, y solamente una de sus hojas, la de la izquierda visto desde la cabecera del templo.
Volviendo al interior pasamos a ver el Museo de la Catedral, con sus tesoros y reliquias, de los que destaca el llamado Mantel de la Santa Cena, de unos 4 m. de largo y 1 de ancho que, según estudios que se están realizando por distintos expertos, creen puede tratarse del que se utilizó realmente en la Ultima Cena, en Jerusalén, por Jesús y sus Apóstoles.
En los trabajos ya realizados se ha confirmado que es un lino procedente de la zona de Arabia Saudita, que tiene distintas manchas de vino y pintura de labios (no es de la Magdalena, malpensados). El vino se achaca a que se utilizaba en el altar para dar la Comunión y podría haberse derramado vino en la Consagración.
Por otro lado, la pintura de labios, y las roturas que tiene en sus extremos, podrían deberse a que se expuso durante mucho tiempo en el Balcón de las Reliquias, aquel que no nos explicó al principio, en la portada norte, y eso pudo hacer que los fieles lo besaran y arrancaran pedazos del mismo.
Nos anticipa Oscar que en unos dos años se hará público el estudio que se está realizando de este Mantel y de la Sábana Santa de Turín y probablemente habrá una gran disparidad de opiniones.
La cuestión es que los expertos consultados sobre las prácticas judías en la época de Jesús, el Mantel de la Santa Cena podría ser sobre el que se realizó esa celebración, y la Sábana Santa sería la que habría cubierto a la anterior, para pasar posteriormente a utilizarse como Sudario, dadas sus medidas.
Dejamos ya la Catedral y nos queda por ver el Palacio de los Alba, hoy muy deteriorado. Es un edificio gótico-renacentista, construido en el siglo XV, que cuenta con murallas, torres y aspilleras, lo que muestra su carácter defensivo en el momento de su construcción, pero también es una casa señorial, con jardines, salones y columnatas.
Allí ya nos asomamos nuevamente a la balconada que da al río Alagón, donde contemplamos el Puente Seco, de origen romano y reformado en el siglo XVI, con la curiosidad de que no pasa agua bajo él, debido al movimiento que produjo el terremoto de Lisboa en el cauce del río, desviándose unos 200 metros más lejos del que tenía entonces.
Tras esta imagen bajamos a comer junto al río, con una vista preciosa de la Catedral y la ciudad desde abajo, y nos volvemos para casa.
Hacemos una última parada, pasado Navalmoral de la Mata, en una zona conocida como el Mirador de Gredos, en una tarde soleada, y con una vista preciosa de Gredos nevado.
Gracias a todos vosotros por vuestra agradable compañía. Nos hemos reencontrado con viejos amigos y hemos conocido a otros nuevos que son bienvenidos a Audema.
Y gracias especialmente a quienes con su trabajo y esfuerzo hacen que podamos realizar estos viajes, y que en este caso han sido Elisa y Mercedes quienes nos han llevado por esas tierras extremeñas.
Hasta la próxima. Juanjo.






























































