El orden siempre vale
No se puede armonizar en el caos. La Historia nos ha enseñado que no hay Imperio que haya subsistido en tal situación.
Visto lo visto, cabría preguntarse ¿por qué darle tantas vueltas a lo que resulta obvio, o sea a lo que es evidente y que, además, está a la vista?
Una de dos, o lo que está se mejora o mejor dejarlo como está. Empeñarse en la cuadratura del círculo no deja de ser una solemne memez, se escriba donde se escriba y lo suscriba quien lo suscriba.
El razonamiento y las conclusiones que del mismo dimanen, están para sostenerse, cuando menos hasta que se encuentre algo que lo supere.
Tener una opinión por la mañana, cambiarla a media tarde y que al día siguiente sea lo antagónico, no deja de tener muchos visos de nula credibilidad.
El lenguaje no verbal, parece cumplir similares parámetros a los mismos que establece la “Teoría de la Evolución”.
Se dice que en el lenguaje científico, la palabra hecho, como la palabra teoría, tienen un significado diferente al del lenguaje común. Un hecho científico es una observación confirmada una y otra vez.
No estaría de más que recordásemos el consejo de Sócrates: El conocimiento de sí mismo es el punto de partida.
Para el humano común el mencionar a los Filósofos Griegos y sus enseñanzas suena en el mundo de hoy como algo remoto e incluso desvinculado de su propia vida.
Ésta pudiera ser una de las causas de ese “desorden” en el que muchos viven instalados.
Se dan tumbos de aquí para allá. Se aceptan opiniones ajenas por no tener las propias. Y se habla por boca de otros. Se enfatizan palabras carentes de sentido en un entorno que no procede, únicamente porque alguien las pronuncia.

Vivimos instalados en una especie de telaraña, endeble; y a sabiendas de que no tendrá consistencia.
Hemos desechado el orden para situarnos en un desorden al que llamamos orden. O, puede, que tampoco se califique así.
“Vivir a salto de mata”, es una expresión al uso.
Explica de por sí, que para algunos la carencia de bases sólidas alcance ese grado de aceptación que debiera servir para mejorar sus pretensiones, a las que no ponen rumbo porque se desconoce la marcha a seguir.
Si no con todo, se juega con casi todo.
Las relaciones personales se viven a descrédito, nuestras economías personales parecen atravesar terrenos pantanosos, usamos lo que no nos corresponde, no se da valor a lo que –de verdad- debiera tenerlo.
Y, en definitiva, en aspectos esenciales de nuestras vidas, hemos cambiado –por mera conveniencia-, las reglas del juego, las hemos revertido.
Hemos infrautilizado aquel orden que consiguió las metas que dieron una mejor marcha, tal vez la que hoy disfrutamos y que hemos decidido transmutar en aras de “no se sabe qué”, y a la espera de otros resultados.
No estaría de más que nos marcáramos un “stop”, que pusiéramos el cuenta-kilómetros a cero y que nos replanteáramos si esta actualidad nos conduce a mejor puerto o si por el contrario debiéramos dar un golpe de timón y regresar a puerto.
CARLOS LLORÉNS FERNÁNDEZ
Asociación Aulas de Formación Aberta
Universidad de Vigo, campus de Vigo





























































