
Atendiendo al deseo de numerosos socios, se programó desde Adayeus una excursión a Vigo cuyo principal objetivo era visitar la iluminación navideña de la ciudad.
Así, el 29 de noviembre, las 81 personas anotadas, repartidas en dos autobuses, estábamos puntuales en nuestras paradas dispuestas a pasar un día distinto, y, deseosas e ilusionadas, tras varios meses sin realizar ninguna salida, de un reencuentro con compañeras de la Universidad Sénior.
A la hora de programar la excursión, a la JD se le planteó un problema. La visita cultural programada para la mañana al Pazo de Quiñones de León, no admitía más de 55 personas.
Dado que éramos muchos los que deseábamos asistir, se dio una solución con la que quedamos todos satisfechos: parte de los socios participantes iríamos al Pazo de Cástrelos y la otra parte al Museo del Mar.
Empezamos el día con algo de miedo, pues las previsiones meteorológicas no eran muy buenas, aunque conforme íbamos llegando a nuestro destino, ya calculábamos que el tiempo nos acompañaría. Y así fue, la lluvia nos dio una tregua.
Después de una parada técnica en el área de servicio San Simón, llegamos a Vigo sobre las 11:45 horas, y, el autobús nº 1, en el que iba la que suscribe, nos estaba esperando David, nuestro guía, en la puerta del Palacio de Quiñones de León, en el barrio de Castrelos.
El pazo en sí, te transporta a otra época. Fue construido a finales del siglo XVII y es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura palaciega gallega. Dentro hay una sala de arqueología y varias de pinturas. Destacan obras de Urbano Lugrís, Laxeiro y un gran etcétera. La mayoría de ellas fueron donadas por Policarpo Sanz, mecenas que donó al ayuntamiento todo su patrimonio. Por supuesto, recorrimos las estancias del pazo: la cocina, biblioteca, los salones y la gran escalinata en la que hicimos la foto de grupo.
Para terminar la visita, un paseo por los jardines. Admiramos los dos tipos de jardines (el francés, que recuerda al de Versalles y el inglés, donde la flora crece libremente); el bosque, donde crecen árboles centenarios; el paseo de camelias, los estanques… todo muy cuidado.
El conjunto de pazo, museo y jardines está declarado Bien de Interés Cultural.
Una vez visto, nos subimos al autobús. Llegaba la hora de la comida, y en el Restaurante Seijo, nos juntamos los dos grupos. Nos sirvieron una paella y una carne que fue del agrado de todas, pero lo importante, es que era el rato de compartir conversaciones y risas.
Pasadas las cuatro de la tarde, subimos nuevamente al autobús que nos llevaría al centro de la ciudad para disfrutar de nuestro principal objetivo: ver la iluminación.
Así fue, nos bajamos en la estación de tren Guixar y una vez allí, nos adentramos a pie por las calles más céntricas. Las luces las encendían a las seis y la mayoría de nosotras estábamos en la Puerta del Sol a esa hora, en espera del momento mágico en el que las 10 millones de bombillas led se encendieran.
Luego un recorrido por la Calle Príncipe con su bullicio navideño y dónde está la gran bola de luz; la noria, en la que las más atrevidas no dudaron en subir; el mercado situado en la Alameda, dónde se instalaron los cañones de nieve que todavía no funcionaban; la espectacular caja de regalo en el inicio de la Gran Via y el muñeco de nieve. También visitamos el Belén monumental en la Casa de las Artes con casi 200 figuras.
A las ocho de la tarde nos esperaba el autobús para regresar a casa. Allí estábamos puntuales con la convicción de haber pasado un día distinto y los objetivos cumplidos. Una buena manera de comenzar la Navidad. Gracias a todos.
Fdo. Loli Domínguez
































































