
Ana María Lezcano Fuentes nace en San Sebastián en 1950. Diplomada en Turismo (T.E.A.T) habla algunos idiomas y ha vivido en diferentes países. Cultiva la narración y poesía desde la juventud. Ha conseguido diversos premios y, además de ávida lectora, ama la fotografía participando también en certámenes. Así mismo ha colaborado en páginas web “colgando “relatos de viajes y artículos de opinión. También le interesan las nuevas tecnologías.
Ha obtenido numeroso premios y reconocimientos en diversos concursos y certámenes literarios, convocados por asociaciones, instituciones, revistas, periódicos, etc. Le gusta mucho el relato corto, los haikus y tankas y poesías de rima libre; no le importa publicar con otros autores en libros de Relato Corto, versión literaria a la que ahora le dedica más tiempo. Tiene mucho material sin publicar. Sus publicaciones están dispersas en Antologías o libros publicados fruto del resultado de concursos. Gestiona algún blog personal. Sigue escribiendo para diferentes certámenes y por placer. Forma parte de REMES (Red Mundial de Escritores en Español). Sus derechos de autor están protegidos por CEDRO.
¿ES TIEMPO DE MORIR?
Les ha llovido, este final de invierno, una pandemia. Analizan, en el confinamiento. Una pareja bien avenida cuyas vidas paralelas lo son ya hace muchos años. No recuerdan, en sus años juntos, ni tampoco separados, una historia tan aterradora, extraña, estrenada de forma inesperada. Ha llegado esta tempestad física y anímica en su ya larga tercera edad, si esa edad empieza sobre los 60.
Estuvieron muy unidos, eran como lapas. Nunca se cansaban de estar buscándose, de estar juntos. Su amor llamaba la atención. Pareja llamativa, en lo físico y en su talante amable, extrovertido, llegaron a recorrer el planeta en viajes de negocios y estancias más o menos prolongadas en algunos países exóticos o simplemente lejanos y curiosos. Vivieron aventuras de toda índole siempre de la mano. Nada les venció entonces. Sus existencias gemelas, pasados los años, requirieron separaciones temporales. Ella tuvo muchas cosas que hacer cuando la distancia se ensanchaba. Siempre fiel y leal, repartía su todavía joven vida entre deberes familiares y educación del hijo común con otras actividades culturales que llenaban sus días. Le esperaba siempre dispuesta. Él, al principio muy dedicado, empezó a dispersarse. Es cierto que venía y la amaba y se interesaba. Pero cada separación se iba notando. Detalles, muecas, contratiempos, pérdidas de dinero y peticiones extemporáneas. El amor lo sabe, lo detecta todo. El amor es de piel fina. El amor, a él, se le fue yendo a otros garetes. Ella permaneció. Cada vez más triste, menos joven, más humillada.
Llevan bastantes años en jubilación laboral y en estado de alarma. Este Estado de Alarma, para ellos, ya no es nuevo. Confinados de sus sentimientos, ella sigue fiel, dura, incluso antipática. ¡Quién lo diría, ella, un cascabel! Él hace mucho que asomó la patita. Ella sabe, en realidad, que es un manipulador nato, un desleal, un maltratador psicológico. Como tantos a los que despreciaron alguna vez, permanecen en el mismo nido por comodidad, pereza, acomodo, obligación económica. Ella, que tanto aportó a su unión, lo ha perdido todo, él se lo ha dilapidado. Él se cree dueño de la razón: un hombre es infiel por naturaleza, un hombre verdadero tiene muchas hembras. Un verdadero hombre necesita atender sus necesidades. Con mujeres más jóvenes, lejos del hogar y la vigilancia y el cerco de la esposa, tan ajada ya, tan ajena, tan poca cosa, ella.
Ella ha soportado su enfermedad, sus malos negocios, los gastos desmesurados en cortejar a tanta zorra. Él ahora mantiene su diminuto hogar y pasa el tiempo viendo televisión o planeando con su amante, por teléfono, las próximas vacaciones.
¡Cuarentenas a ellos! ¡Si no fuera tan grave para la salud, podría resultar cómico! Ahora, ellos andan sonriendo por las esquinas de su apartamento. Se miran a escondidas mientras escuchan las noticias televisivas.
A estas alturas de la vida están ante el dilema, tal vez definitivo, de su amor: si alguien tiene que morir por este virus, que sea el otro
AMULL, Asociación de Mayores de la Universidad de La Laguna
Tenerife, 19 de abril de 2020






























































