
Con muchas ganas e ilusión esperábamos el día 9 para iniciarnos en la actividad de senderismo de este curso y sobre todo en la Ruta do Fuciño do Porco, que teníamos muchas ganas de realizarla.
La climatología nos hizo dudar y temor de no la poder realizarla. Pero por suerte el mal tiempo hizo una pausa para que el grupo de senderismo pudiésemos salir, eso sí preparados para todo.
Salimos a las ocho de la mañana, teníamos que aprovechar las horas de luz y esta ruta nos quedaba bastante lejos de Coruña.
Muchos ya eramos compañeros de otras rutas, pero hubo un buen grupo que se estrenaban y eran nuevos ¡bienvenidos!
Durante el trayecto de Coruña a O Vicedo, Rubén y Chus nuestros guías, nos contaron todo lo que íbamos a ver y hacer, nos dieron las instrucciones a seguir durante la ruta y las dificultades con las que nos podríamos encontrar, ¡todas las precauciones son pocas!
Llovía y una niebla baja nos impedía ver a lo lejos, nos temíamos una ruta bajo el agua.
En Covas hicimos la parada técnica antes de llegar al inicio de la ruta. La niebla empezaba a despejar, a nuestra izquierda allá arriba, un arco iris, asomó tímidamente dándonos esperanzas de que mejoraría el tiempo.
Desde allí de nuevo en autobús y a pocos km llegamos al punto donde íbamos a iniciar nuestra aventura. Lloviznaba, nos preparamos, impermeables, capas, paraguas…”no dejéis los bastones, hoy son imprescindibles, el suelo puede estar resbaladizo y todas las precauciones son pocas” “que no se desvié nadie del grupo, sin decirlo a algún compañero”…
Los primeros pasos nos llevan en dirección contraria a nuestra ruta, pero tiene su motivo: Rubén y Chus nos van a enseñar o Cargadero de hierro de la mina Silvarosa y nos narran su historia:
En la Insua estaba el antiguo Cargadero de Mineral de las Minas de Hierro, situadas en el monte de Silvarosa, en las parroquias de Covas y Vieira. Esta actividad supuso una importante fuente de riqueza para Viveiro a finales del siglo XlX y principios del XX. El transporte del mineral se efectuaba por medio de un tranvía aéreo bicable, sistema Bleichet (el primero de su clase que se instaló en Galicia), de 5.570 m de longitud, en una especie de cestas, también de hierro. Algunas de ellas las podemos ver como elemento decorativo en los jardines de la zona.
La operación se realizaba por propio impulso de la carga ya que aprovechaba el desnivel de la ladera hasta el mar. Transportaba tres toneladas de mineral en doce horas.
El mineral se cargaba en la zona más alta con un dispositivo de almacenamiento de grandes tolvas de uso alternativo y con salida inferior, un túnel recogía el mineral en la parte baja de las tolvas para hacerlo llegar a una estructura inferior de hierro que se adentraba en el mar.
Allí, en el Cargadero de la Insua, se lavaba y volcaba directamente en las embarcaciones con destino a Alemania e Inglaterra, con el objetivo principal de fabricar cañones.
También conocido como Área Etnográfica de A Insua, es un enclave histórico, un antiguo cargadero de barcos del mineral procedente de las minas de A Silvarosa, reconvertido en una zona de paseo y descanso y privilegiado mirador sobre la ría de Viveiro. https://www.viveiroturismo.com/interes-natural. En esta pag. Encontré más información.
Fue una pena no poder bajar hasta el embarcadero y ver bien todo lo que se conserva de las antiguas instalaciones, pero seguía lloviendo y apenas nos dejaba ver.
Retrocediendo nuestros pasos ya nos dirigimos, primero por un camino de cemento y luego por una pista de tierra, entre árboles y suelo alfombrado de hojas secas. El otoño se mostraba en todo el entorno.
Todo nos gustaba, avanzamos tranquilos, hablando unos con otros mientras ascendíamos suavemente. Pronto el mar apareció a nuestra izquierda allá abajo, las nubes se estaban despejando y cada vez nos entusiasmábamos más con las vistas, casi estábamos al comienzo de nuestro ansiado “Fuciño do Porco”.
Su nombre oficial es Punta Socastro, pero es más conocido como “O Fuciño do Porco”, por la forma con la que se presenta su perfil ante los marineros de la zona que lo avistan desde el mar, es un pequeño saliente costero entre las playas de Abrela y San Román.
En esta Punta hay una baliza para ayuda de los marineros y los operarios que tenían que acercarse a ella para su mantenimiento debían de hacerlo por un difícil y peligroso sendero sobre todo en los días de temporal, por lo que se hicieron las pasarelas de madera y desde entonces se convirtió en un lugar buscado por todos los amantes de la naturaleza.
Estábamos en una pequeña explanada antes de comenzar las pasarelas, algunos decidieron no hacer ese tramo por temor y quedaron esperándonos, los demás avanzamos asombrados, ¡aquello es grandioso! pasarelas en zigzag bajando, el Cantábrico a derecha e izquierda batiendo las olas sobre las rocas con su espuma blanca. En las laderas de la montaña que vemos a nuestros lados podemos observar vetas de hierro por el color oscuro (nos confirma lo que antes nos contaron los guías, las minas de hierro que hay en la zona) Claro que por otros lados también vemos las paredes amarillo/parduzco que se deshacen con facilidad en arena. Algunos “artistas” han dejado sus señales gravando dibujos en ellas.
En cada recodo encuentras algo que llama la atención y empiezas a subir y ves a los compañeros que todavía están bajando por donde antes pasamos.
Al llegar a lo alto, se acaban las pasarelas, los pasamanos, pero el camino aún continúa, giramos a la izquierda y vemos unas escaleras que bajan hacia la baliza, una pequeña torreta verde, a la derecha de la escalera, el acantilado que baja hasta el mar. En principio das un respingo y dices “no sigo” pero te lo piensas y vuelves a decirte ¿por qué no? Bajas los primeros escalones y el vértigo ha desaparecido y llegas hasta la baliza luminosa, final del camino. Un impresionante mirador sobre las playas de Pereira y Area Grande que nos permite gozar de un paisaje espectacular que abarca desde Xove hasta Bares, otorgando unas vistas que nos dejan sin palabras.
Volvimos sobre nuestros pasos por las pasarelas en sentido contrario y sintiendo la sensación maravillosa por la naturaleza que nos rodeaba. Los compañeros que nos aguardaban se entretenían en una clase improvisada de gimnasia. No se puede estar a todo, algunos nos la perdimos, pero los vimos en fotos y videos.
Desde allí nos dirigimos por un sendero cubierto de hojas hacia la Cruz de San Román, que está en lo alto de una punta sobre la playa del mismo nombre.
Viendo la costa de esta zona, acantilados y el mar bravo, a nuestra cabeza nos viene la imagen de naufragios como los de la fragata Magdalena o el bergantín Palomo, hundidos en Viveiro.
Una cruz de granito de más de cinco metros de alto se eleva solitaria sobre los acantilados de la playa de San Román, nos recuerda a las víctimas del naufragio del balandro Drácula al que un golpe de viento hizo volcar frente a esa costa la tarde del 5 de Agosto de 1957 y en el que fallecieron cuatro de sus tripulantes: los veraneantes Marisa y Manolo Vidal Martín (hermanos) y José Antonio García Valcárcel y el marinero de Covas Celestino Pérez Polo. Solo se salvaron dos jóvenes que lograron llegar a la playa tras cuatro horas nadando.
Desde este punto ya veíamos allá abajo la playa de Area Grande que se junta con la de San Román, el restaurante donde íbamos a comer y el último recorrido que íbamos a realizar.
Durante el último tramo, Rubén nos habla de que en Moutillos parece ser que hubo un asentamiento Normando En un principio se pensaba que Os Moutillós podría ser un castro, pero había demasiadas diferencias con las características normales de estas edificaciones. De hecho la Xunta no lo cataloga como tal, pero aún no lo considera vikingo, a pesar de presentar argumentos muy consistentes a su favor. Basta decir que cumple a rajatabla con la estructura de un ‘motte & bailey’ que define a los asentamientos normandos, consistente en la presencia de un gran promontorio de tierra que está acompañada de una parte más baja y extensa que posee una muralla y un foso. Todas estas características se pueden ver en Os Moutillós, destacando por encima de todas ellas un factor decisivo y mucho más clarificador, la existencia de la ensenada conocida como O Porto, que está custodiada por dos grandes conjuntos de rocas denominados Os Castelos. La formación es perfecta para establecer un puerto natural donde atracaban los barcos. La parte alta del terreno permitía defender a los navíos a su llegada a tierra o bien atacar a cualquier enemigo que intentase una incursión por mar.
De momento no se ha encontrado nada salvo flechas de sílex o anclas de piedra materiales que no se encuentran aquí. Los arqueólogos siguen haciendo estudios en la zona en el verano.
Acabamos la ruta haciendo un pequeño trazado circular, como sobre una meseta (posiblemente podría ser donde se establecieron los normandos) y al final de ella bajamos hacia la playa Area Grande, por un lado del gran promontorio de tierra que defendía de los posibles ataques que llegasen por mar.
La mañana había tocado a su fin, nos aguardaban `para comer. Allí casi a pie de playa estaba el Restaurante Area Grande y pronto dimos buena cuenta de un riquísimo arroz marinero, carne estofada con patatas y postre a elegir.
Aún nos quedaba algo para la tarde, temíamos que se nos hiciese de noche, así que casi sin sobremesa (siempre nos pasamos con ella), nos levantamos y nos dirigimos al autobús. No podíamos irnos de la zona sin ir a visitar a O Avó (el abuelo) y allá nos dirigimos al Souto da Retorta, además, está catalogado como el árbol más grande de España
Souto da Retorta: El bosque de gigantes
En el s. XIX llegó el eucalipto a Europa, concretamente a Galicia, cuando un religioso gallego trajo sus semillas desde las lejanas tierras australianas donde había sido misionero. Y esta especie se adaptó tan bien a nuestro clima que se fue extendiendo masivamente por nuestra geografía.
En el souto da Retorta, también conocido como eucaliptal de Chavín, cerca de la villa de Viveiro, se encuentran algunos de los ejemplares de mayor altura y envergadura del continente, como el famoso “avó” (abuelo), plantado hacia 1880, con más de 67 m de altura y 10,5 m de perímetro. En nuestro paseo por este bosque de gigantes podremos admirar las colosales dimensiones de estos eucaliptos abuelos y jugar a abrazar sus troncos formando una cadena de brazos unidos.
Llegamos hasta allí y paseamos al lado del rio Landro viendo las impresionantes especies, eucaliptos gigantes, helechos, así como pequeños anfibios, mamíferos y aves que se nutren de la riqueza natural de la ribera del Landro y del clima húmedo y templado de la zona.
La lluvia nos acompañó en los últimos minutos en el souto y ya nos volvimos al autobús, quedaba poco luz.
Algo cansados tal vez, pero muy contentos y satisfechos de todo lo que habíamos vivido ese día. Agradecimos un montón a Rubén y Chus la maravillosa ruta que nos habían preparado y todo lo que nos explicaron de la historia de la zona. Ruta deportiva y cultural desde el principio hasta el fin, muchas gracias chicos.
Blanca Franco


































































