La educación como instrumento de “resocialización”
En la Conferencia Internacional sobre Educación celebrada en Hamburgo en julio de 1997, se proclamó abiertamente, que la formación y desarrollo intelectual de las personas mayores constituye una de las claves para resolver positivamente los problemas a los que deberá enfrentarse la sociedad del siglo XXI. Una vertiente educacional la encontramos en las indicaciones de la Declaración Mundial de la UNESCO sobre educación superior en el siglo XXI, que estableció que los Centros Universitarios estuviesen abiertos a las personas mayores, creando oportunidades de aprendizaje flexibles y creativas.
Desde el plano individual se habla de “resocialización” como aquel proceso que reconstruye las relaciones sociales rotas después de unos años de desempeño de determinados roles – padre, madre, marido, o esposa, trabajador/a – y que obliga a aprender las obligaciones y derechos de las nuevas situaciones de abuelo/a, viudo/a, jubilado/a, etc. Lo peligroso para la persona mayor es mantener una postura rígida frente al cambio, defendiendo la estabilidad como mecanismo de seguridad.
De ahí la importancia de la educación de las personas mayores como instrumento de “resocialización”, lo que exige aceptación, acomodación, adaptación e integración.
La aceptación, supone reconocer la existencia de los valores de las personas pertenecientes a otro grupo de edad, aunque subjetivamente no los considere como propios y aceptar conductas sociales, políticas, económicas, familiares, sexuales, etc. opuestas a sus valores.
La acomodación: es conveniente acostumbrarse durante la etapa adulta, en los años activos, a poseer una cierta aptitud y flexibilidad que permita a las personas mayores, en su día, mantener relaciones sociales satisfactorias con el resto de los grupos sociales para estimular la acomodación.
La jubilación fuerza a múltiples adaptaciones, al cortar con el mundo económico productivo. La adaptación social de la persona mayor se realiza a través de un proceso de sustitución, reemplazando las actividades perdidas por otras nuevas. Sin embargo, la dificultad de sustitución se debe en gran parte a la deficiente información sobre actividades alternativas para sustituir las ocupaciones anteriores con una nueva actividad continua. La decadencia comienza cuando la vida de la persona mayor carece de significado psicológico y social. En cambio, el entusiasmo, la fortaleza, la autoestima y la perspectiva optimista y esperanzada son elementos de una adaptación satisfactoria.
Lograr la integración del pasado con el presente. Las personas mayores deben tener conciencia de su realidad, de “su mundo” en el mundo; reflexionar; buscar la verdad, discernir, dar nuevo significado a su experiencia de vida, contemplar, crear orden y belleza, desarrollar actividades intelectuales, académicas, políticas, creativas, artísticas y artesanales. Deben continuar siendo activas en campos que pueden considerarse extensión de sus ocupaciones o aficiones anteriores.
Por ello es muy importante que los entornos educativos y el desarrollo de la acción educativa de las personas mayores se base en la experiencia y en los conocimientos que ya poseen. Tomando conciencia de que se está accediendo a una etapa de la vida en que se registran pérdidas y ganancias, nuevos roles que desempeñar, nuevas formas de vida o actitudes frente a la misma y con esto, inserción activa y participativa en la sociedad, logrando la integración del pasado con el presente.
*Libro Blanco de CAUMAS. E. Pozón Lobato.
Diciembre 2021



































