Todo cambió de repente

Y un día se desbarataron todos nuestros planes. En un abrir y cerrar de ojos, sin apenas darnos cuenta, nuestro mundo cambió. Un cambio atroz. Terrible. Aquello que antes parecía importante, de repente solo es algo lejano. ¡Qué lejos veo el programa de actividades que con esmero había preparado nuestra Asociación! ¿Qué va a pasar con el Concurso de Pintura, el encuentro de Sedes en Ceuta, las Jornadas Interuniversitarias en Salzburgo, ¿el viaje a Turquía y nuestra Tertulia Poético-Literaria de los martes? ¿Podremos organizar la entrega de premios, la comida de fin de curso y el crucero por el Volga? Me escucho a mí mismo y me doy cuenta de que ya no es transcendental. Nuestras prioridades y preocupaciones han cambiado por completo. Solo quiero despertarme de esta pesadilla mañana y que todo haya acabado, que no haya nuevos contagios y que no muera nadie más. Solo quiero pasear sin rumbo por la calle, dejar de temer respirar el mismo aire que otra persona.
Todo esto voy pensando, en el retiro obligado por la pandemia, que nos ha invadido. Pienso en un ayer cercano, memorias de tiempos felices, que quizá no aprecié lo suficiente. Parecen un sueño las tardes de clase, las charlas con los compañeros frente a un café, las risas por los pasillos, las horas de oficina en ALUMA, la cerveza en la terraza del bar…
Los recuerdos de aquella vida cotidiana ahora son una ensoñación y la pesadilla se ha transformado en realidad. Estamos recluidos en casa. Nuestra pequeña y gran contribución en la lucha contra el virus.
En los años que tengo de vida nunca había experimentado nada igual. Por primera vez, salgo al balcón y veo una calle desierta, una Granada desierta. No hay ruidos. El silencio impresiona. Oír a los pajarillos cantar en plena Gran Vía es un lujo que da miedo. Echo de menos ver a las parejas cogidas de la mano susurrando confidencias al oído, familias con niños correteando, personas andando de prisa hacia sus destinos, vehículos de reparto descargando sus mercancías, ruido y contaminación, pero también unas calles llenas de vida.
El país se ha parado en seco y nosotros con él. Aislados y recluidos hemos salido de nuestra rutina para entrar en otra, quizás, todavía más rutinaria. Veinticuatro horas al día en casa. Tiempo suficiente para hacer todas las faenas del hogar que llevábamos meses, incluso años, posponiendo, y tiempo para pararse a mirar a las personas que tenemos a nuestro lado, para saborear el momento sin prisa, disfrutar de la mutua compañía. Tengo la suerte de estar acompañado desde hace cincuenta y seis años por la chica más maravillosa que he conocido. Viéndolo desde esta perspectiva el encierro no está tan mal. Encontrarle el lado positivo a esta situación es imprescindible para que la casa no se transforme en un infierno, para que de este retiro salgamos todos más unidos, en lugar de distanciarnos.
Estamos confinados, pero no aislados. Gracias a las nuevas tecnologías, estamos conectados con el mundo y con las personas que queremos. Podemos hacer la compra sin tener que ir al mercado. Tomarnos unas tapas con los amigos por videoconferencia sin salir de casa. Tenemos la gran suerte de vivir en este tiempo, de tener a nuestro alcance una tecnología que nos facilita tanto la vida. Una técnica a la que, quizás, los mayores no le hemos prestado demasiada atención y que, quizás, cuando todo esto pase, deberíamos aprender a aprovechar estos instrumentos y estar al día con las nuevas tecnologías. Quizás sea una de las actividades que debamos fomentar desde la Asociación cuando todo esto termine.

El gran miedo que compartimos es el miedo a esta terrible enfermedad, que en forma de gran plaga ha invadido el mundo. Se contagia en silencio y ataca especialmente al segmento de población que componemos los mayores. Este tiempo terrible pasará, sin salir de casa venceremos a la pandemia, viviremos para contarlo, y cuando todo pase nos encontraremos en nuestras plazas, en nuestras calles, volveremos a abrazarnos, a reír juntos, volveremos a clase en nuestra Universidad y retomaremos las actividades de nuestra Asociación. Pero no seremos los mismos, esta espantosa experiencia nos marcará para siempre y comprenderemos y valoraremos mucho más todo lo que forma parte de nuestra vida, la familia, los amigos, la ciudad, el atardecer y tantas pequeñas cosas a las que nunca habíamos prestado demasiada atención y que hacen que nuestra vida sea más cómoda y amable.
Durante este retiro debemos coger fuerzas para enfrentarnos unidos a los retos y los problemas que afrontaremos cuando todo empiece a despertarse. Una nueva realidad llena de incertidumbres. Ahora están luchando por nosotros los sanitarios, los empleados de los supermercados, los transportistas, … Después nos tocará al resto arrimar el hombro para reactivar un país, una sociedad, gravemente herida por esta crisis.
José Rodríguez Sánchez
Presidente de ALUMA ,
Asociación de Alumnos del Aula Premanente
Universidad de Granada





























































