D. Gerardo Martín · Periodista e historiador de Vigo
Dar tiene docenas de significados en varios diccionarios que consultamos. María Moliner, ya fallecida, es la emperatriz de la palabra justa, de ese preciado elemento que es el sinónimo. En mi biblioteca conservo como una joya su “Diccionario de uso del español”, la edición de servidor es de 1999 y aún es muy útil y la cuido como a alguien muy próximo o de la familia. Moliner fue una de las mujeres importantes que se formó al amparo de la Institución Libre de Enseñanza, dedica a las numerosas acepciones de dar, en una composición de su Diccionario a dos columnas, una de un bloque de texto, seguido de tres páginas repletas, y finalmente una columna más de acepciones. Dar es, entre las primeras que recoge la académica. “(…) Dedicar alguien la solución – un consejo, una idea, el tema para una conferencia- (…)”. No es solo el retrato de un sénior, sino de muchos de ellos en toda España. Generosidad y servicio a los próximos, que en su caso son prójimos, o sea semejantes.
El primer contacto con los séniors lo tuve a través de la Asociación de Alumnos de Formación de Mayores de la Universidad de Vigo. El local en el que di la conferencia en 2011 acogía entonces a la Escuela de Comercio, uno de los gérmenes de la Universidad y establecida en la rúa viguesa de Torrecedeira en 1920. La segunda pieza de la historia de Vigo y sus campus de Ourense y Pontevedra, ha sido la Escuela de Peritos, largo tiempo ocupante de un local prestado por el Ayuntamiento, en la Escuela Municipal de Artes y Oficios.
Al referirnos a la obra de Giner de los Ríos y otras figuras del pensamiento, es muy recomendable el libro “La Institución Libre de Enseñanza en Galicia”, de Ángel Porto Ucha, con depósito legal de 1986. Por ejemplo, la evolución de la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo, es estudiada por Porto a fondo y con pericia. También aporta novedades sobre la Escuela, que han dejado de serlo en estos últimos treinta años, por otros que con frecuencia han bebido en la fuente de este gallego. Artes y Oficios tuvo varios años como director a Fernando García Arenal, vinculado a la Institución Libre de Enseñanza.
Volvemos al contacto con los séniors. Tuve el valor de enfrentarme a un tema en el que no soy especialista en su Revista, en “La experiencia y oportunidad de ser universitario en la vida adulta”. Fue en 2011. Me había precedido, semanas antes, un profesor emérito y naturalmente universitario, Xesús Alonso Montero, presidente de la Real Academia Galega da Lingua y de un verbo envidiable. Tengo relación con este vigués que presume de ser del Ribeirio ourensan, desde los tiempos iniciales de la Transición. Alonso escribió en un libro por entonces, que había sido yo el primero que le entrevistó sobre la legalización del Partido Comunista de España, que se produjo también para el PC de Galicia. Es un persoeiro (personaje relevante), que decimos en Galicia, nacido en 1928, el mes en que escribo, noviembre de 2016, cumple o ha cumplido años el día 28. Tiene una vitalidad increíble, superactivo en toda clase de ambientes culturales y el que mejor diagnosticó hace mucho la salud de la lengua gallega, que nuestro personaje emplea por doquier. Parece que aquel acto de la Escuela de Comercio viguesa, mi intervención no salió del todo mal. Se presentaba el primer número de la revista Séniors Universitarios de ámbito de Galicia.
Nuestro segundo encuentro se produjo en torno a la misma revista Séniors Universitarios, que amplió su público a España que para muchos progres de pacotilla es el Estado, palabra que usaba en los sellos de correos el dictador general Francisco Franco. Natural de Ferrol, aunque ellos no quieran nada con aquel que se autotituló Caudillo y reprimió con todos los medios a la Universidad de su tiempo. Aquel número datado en junio de 2016 ofrecía una valiosa colaboración “El egoísmo”, creo que es el mal de los torpes, de los que son la antítesis nuestro sénior de cincuenta u ochenta años, que con un grado u otro de madurez, se encuentran en los centros a ellos dedicados en prácticamente la totalidad de las Universidades españolas. El artículo “El egoísmo” que tanto me interesó, lo firma Manuel Pérez Vilanueva, especialista en Salud Mental y aplicación a la Clínica de las Ciencias Humanas y Sociales. Entre valiosas colaboraciones en el citado número de la revista, estaba mi humilde aportación “El flujo de las experiencias”, de eso si puedo hablar, a punto de cumplir 75 años, el primero de febrero de 2017, con más de medio siglo como periodista en prensa, radio o televisión, varias veces director en esos medios y desde los primeros ochenta dedicado a la investigación sobre Vigo, con más de 1.500 artículos y 16 libros publicados, todo ello sobre el pasado de esta ciudad que también llamamos la Oliva. El número de colaboraciones se refiere a historia viguesa, que en materia de opinión son, porque sigo en la brecha tanto en materia de pensamiento como de divulgación de historia viguesa. Son treinta y tantos años y un total que supera los cuatro mil en medios escritos.
Hace cinco o seis años, me plantee la posibilidad de ser un sénior con todas sus consecuencias. Creo que llegué a consultarle a Alejandro Otero, el responsable de la Asociación que agrupa a los alumnos mayores de la Universidad de Vigo y que tiene mucho que ver con esta Revista digital. No di el paso porque como jubilado trabajo hoy casi tanto como en el ejercicio profesional y además hace poco más de un lustro tenía que cuidar de vez en cuando de una nieta entonces de tres años. Sigue preocupándome la formación permanente, que intento hacer por otros caminos diferentes y sin duda menos eficaces que los concebidos para mayores.
Creo que en la actividad sénior hay muchas ventajas. Quizá la primera sea conocerse a sí mismo, tesis de muchos pensadores griegos y que puede entenderse como alcanzar el máximo de conocimientos, acordes con nuestras preferencias y capacidades. El compañerismo, el apoyo o socorro mutuo parece imprescindible para alcanzar algo que se aproxime a la sabiduría, tan gratificante cuando nos ayuda a ser más ricos en el cultivo de diversas áreas. Volver a las aulas es rejuvenecedor y el mejor espejo para verse en los demás y evaluar el progreso de cada uno de los compañeros y los objetivos importantes que tienen en la vida. Volver a aceptar aquellas asignaturas que en plena juventud rechazábamos, en ocasiones porque se cruzaban Física y Música en el Magisterio de finales de los cincuenta, con el consiguiente cate. La palabra es considerada por María Moliner, en su “Diccionario de uso del Español” y aporta el sinónimo calabaza. La Real Academia Española, en su Diccionario de 1992, dice que cate es, en su primera acepción “medida de peso común que se usaba en Filipinas” y en segundo lugar “golpe, bofetada” y seguido, “nota de suspenso en los exámenes”.
Finalmente, entre los grandes estaba hace cuatro o cinco décadas, Julio Casares, que publicaba la primera edición de su “Diccionario ideológico” en 1942. En el tomo de que dispongo, calculo puede ser de los años noventa, pero no encuentro en el mismo fecha alguna de salida a las librerías. En esta obra, con el consabido “golpe, bofetada”, Casares da a cate en segundo lugar el significado de “Entre estudiantes, suspenso en los exámenes”. En un diccionario digital, WordReference.com –un palabro inglés para hablar del castellano- presenta en las acepciones semejanza con las ya recogidas, con dos ejemplos de uso: “O me devuelves el balón o te doy un cate” y “Llevo las matemáticas de todo el curso con cate”. Bendita y variada significación la de este diccionario, especialmente en el primero de los dos ejemplos de uso, con el cate como una patada en el trasero o una pelea en improvisado ring callejero. Hacerle una burla a la unanimidad es reconfortante. Ahí queda el título de este artículo, darse mutuamente séniors y universitarios. Son muchos, por fortuna, los que han vivido la experiencia enriquecedora de universitarios jóvenes y séniors buscan lo mismo: Aprender el intercambio de conocimientos. Las puertas de los cursos para mayores están abiertas de par en par para los que quieran enrolarse en la travesía del saber.
Volvamos a lo que parece caracterizar a los séniors. Conseguir nuevas relaciones y amistades profundas, que se han escapado con los años. Raro es el hombre o mujer, ellas menos, que no tienen su agenda cargadas de ausencias, lo último que supo de ellos era una cita entre cuatro barrotes negros en el periódico del día. La novedad, buscada o fabricada, no es patrimonio de la juventud, que hay no pocos viejos que se enamoran de nuevo, hacen un viaje con riesgos… o se anotan a los cursos para séniors, que es generalmente lo mejor. Esa canción insulsa de salud, dinero y amor se ha quedado manca sin la sabiduría. He sacado a colación que, para evitar el choque, sustituyen unos por tercera edad esa vejez proscrita, otros por madurez –como las frutas-, que es un caso contrario a la vejez, en el que lo verde, lo más joven, no tiene aceptación. Al contrario que en la vida misma que la madurez, pero la de las frutas, es la que tiene valor.
Sin emplear ni vejez ni tercera edad, algunos seguidores de Yahoo Respuestas han sacado al ruedo otra variante, geronte –hay gerontólogos-, “en la Facultad así se denomina a los adultos de la tercera edad”, esto último no cuenta, ya está contabilizado, aunque vale adultos. A propósito del debate, dice una persona, “ortopedia del paciente geronte”, no ha aparecido anciano o el repelente viejo, o adulto mayor… Nuestra lengua hispana tiene un vivero de palabras que debemos mimar como a las más exquisitas flores y plantas viverienses, palabro no admitido por la RAE, que me conste. En el hurgar más y más ha aparecido, como sinónimo de vivero, semillero. En gallego es sementar, que el grupo Fuxan os ventos, obra inicial de un cura lucense, cantaba con ganas y gusto el folklore de la tierra de Rosalía, con frecuencia crítico con la situación. Así principia, hermosa y legítima palabra, poco menos que en desuso. De este modo comienza el canto: “Sementar sementarei (sembrar sembraré), loguiño de crarear (inmediatamente después de clarear), en tanto no povo medre (en tanto en el pueblo crezca) un meniño, un povo e un cantar. (un chiquillo, un pueblo y un cantar)”. Le daban en el pescuezo al franquismo, como el que no quiere la cosa. Algo así como el puño de hierro en guante de seda.
Vamos con la edad y los años cumplidos muchas veces. Además de los dichos, está el viejo verde, que esconde la libido entre los pliegues que son arrugas con los muchos años, cuando sabemos que los jóvenes tienen más potencia sexual, salvo divos del sexo a los ochenta, que con esa edad y más, Charlie Chiple se preocupaba en la vida real de añadir una mujer más a la ristra de las de usar y tirar. En sus películas no era tan sátiro en búsqueda de su Afrodita, la diosa griega del amor, de donde vienen los afrodisiacos, empleados en animar lo que suele estar anciano de mera ancianidad. A personajes así y a cualquier humano con sensibilidad, les deben horrorizar esas informaciones que hablan de un viejo de 65 años fallecido en accidente. Impresentable, cuando un mayor de edad ha sido considerado, por ejemplo, a los setenta años, y en hace bastantes décadas. eran muchos los que llevaban bastante tiempo muertos.
La riqueza de los que vivimos en la tierra del Señor de Breogán, el del “Himno Gallego”, es nuestro idioma vernáculo con la debida consideración para la lengua de Curros Enríquez, el bardo inigualable, y para la de Cervantes. Con dos lenguas hay dos culturas yuxtapuestas. Los idiomas fuertes, extendidos por todo el mundo, son una réplica del oro negro, aunque no parece que en nuestro caso explotemos el valor del lenguaje. Según datos fiables son el chino mandarín y el inglés, los idiomas más hablados, y en la tercera posición el español aproximadamente 256 millones de hispano parlantes. Hay que pensar que el gallego tiene penetración en Portugal y Brasil, y con menos intensidad en otros países.
Concluiremos con el testimonio de una estudiante con provecho del programa para Mayores de la Universidad de Vigo. Ella es María Jesús Garcés, que ha estudiado Biología en la citada institución docente, después de los cursos iniciales de enseñanza no reglada. Trabajó 32 años en la Cadena COPE en Vigo, desde los tiempos iniciales de Radio Popular de Vigo. Estoy orgulloso de haber sido compañero de esta profesional. Me quedo corto, porque en este grupo radiofónico he trabajado 17 años en plantilla y dos como colaborador. Tanto como dos años trabajando desde fuera de la empresa y el resto en plantilla, 14 años en la urbe viguesa y otros tres en Valladolid y Madrid. De estos últimos, 10 años como directivo.
“Una vida por delante y una etapa de tu vida que se cierra y para los tuyos no, afortunadamente, no. Para la sociedad parece que ya no cuentas, para los presupuestos un lastre… –dice María Jesús-. Ni hablar, son muchos años de madrugones, de tener jefes geniales y mandos intermedios con habilidad para las zancadillas.
“Estoy libre, he ganado años y voy a ganar lo que he ido perdiendo por el camino. Dicho y hecho, y así me matriculé en los cursos universitarios para mayores. Gente mayor con muchas ganas de aprender. Historia, Geografía, Economía, Literatura, Arte… profesores que podían ser hijos o nietos de los alumnos y que además de ser titulados saben lidiar con esos alumnos que preguntan y preguntan y a veces ponen sobre el tapete sus experiencias. Y completado un ciclo en Torrecedeira (Nota, calle de Vigo, en la sede de la Escuela Universitaria de Empresariales se imparten las clases iniciales para mayores), en plena zona urbana, la subida al CUVI, con esos chicos que se juegan su carrera y sus ilusiones, estudiando codo con codo con ellos, formando equipo para los trabajos y procurando hacerlo lo mejor posible, si ellos saben más ingleses, nosotros no vamos a ser menos, si hay que estudiar el doble, se estudia. Si hay que volver a los madrugones, se madruga. Una puerta abierta para los mayores, no hace falta entrar de puntillas, lo hacemos pisando firme, compartiendo clase con chavales. Universitarios mayores de 55 años y hasta de 65 o 70, tratados con esa cordialidad de la juventud que nos invita a sus cenas de fin de cuatrimestre, con los que hacemos las prácticas y compartimos los trabajos que hay que presentar. En fin, unos años que no queremos que finalicen, y volvemos a Torreecedeira y seguimos, matriculándonos, asistiendo a las clases y aprendiendo cada día”.
Termina María Jesús Garcés: “Y pensando que tal vez nuestros compañeros e incluso los profesores reciben también algo de nosotros”.
A Garcés le hemos llamado siempre, en el ambiente profesional Masú, afectuosamente. Tengo para mí, que su trabajo y su desenfado reconfortante, nos ha permitido ganar algo. Y mis disculpas porque no hay dos sin tres, y es la tercera vez que matino sobre el mundo de los séniors, hecho de vocación, estudio, compañerismo…
D. Gerardo MARTÍN
Periodista e historiador de Vigo

































































