Excavando túneles: Los mayores.
Elena Alonso Prieto, Doctora Ingeniera de Minas. Profesora Titular del Departamento de Ingeniería de los Recursos Naturales y Medio Ambiente de la Universidad de Vigo
Siempre que veo los ojos enormemente abiertos en la cara sorprendida de un niño, no puedo evitar un sentimiento de nostalgia. En ese momento añoro esa capacidad de asombro que, poco a poco, de forma casi inexorable, el tiempo, la edad y la experiencia nos van robando.
Pero la vida siempre guarda regalos. Hay ocasiones inesperadas en que un hecho, una persona o un grupo de personas, reactivan esa capacidad casi olvidada de sorpresa e ilusión.
Esto es lo que me ha pasado este curso como profesora del Programa de Mayores. Encontrarme con algo inesperado y hermoso.
Pero empecemos por el principio. Soy ingeniero de minas y docente en la Universidad de Vigo. Este curso he participado por primera vez en el Programa de Mayores que organiza esta universidad. De hecho, el germen de este artículo es mi intervención en el acto de fin de curso del programa, que versó sobre mi experiencia como docente de personas mayores.
Fue al planificar esa intervención, mientras reflexionaba sobre lo que había significado para mí este curso, cuando me vino a la cabeza la idea de que la vivencia me recordaba en determinados aspectos a una actividad muy ligada a mi ámbito profesional: la construcción de un túnel. Puede que la relación entre mi experiencia como docente y la ejecución de un túnel extrañe o sorprenda al lector. Intentaré explicarla.
En el aula participamos como elementos activos el profesor (quien enseña) y el alumno (quien aprende). El proceso enseñanza-aprendizaje comienza unos meses antes del comienzo del curso, con el diseño de la materia. En esta fase, los profesores definimos los objetivos, seleccionamos contenidos y metodologías docentes, preparamos ejercicios, pruebas de evaluación y presentaciones, seleccionamos bibliografía y webgrafía.
De la misma forma la construcción de un túnel comienza con su diseño, fase en la que es determinante conocer el terreno en el que se va a ejecutar el túnel: dureza, resistencia, naturaleza….También en el diseño de una materia es necesario conocer el alumnado: nivel académico, capacidades, intereses, expectativas y motivaciones.
He de reconocer que mi conocimiento de las personas mayores se limitaba a mi experiencia personal (aparte de la familiar), marcada por un hecho que ha conformado en gran medida mi percepción de este colectivo y que me remite a mi infancia.
Mi niñez está vinculada a una aldea, a una comunidad pequeña, donde las personas mayores eran depositarias del saber tradicional y por ello constituían un pilar fundamental, atesorando conocimientos y experiencias valiosos para la comunidad. Las personas mayores eran sabias. Transmitían sus conocimientos con paciencia a quien quisiera aprender, entre ellos, y de forma especial, a los niños.
Así que éste fue mi punto de partida y a lo que me enfrentaba: ser profesora de un colectivo que me imponía respeto, mucho respeto, y por el que sentía enorme cariño. Surgieron entonces muchas dudas e inseguridades: qué interés podrían tener los alumnos en la materia, cuáles serían sus expectativas, qué nivel académico tendrían y deberían alcanzar, y sobre todo, lo que más me preocupaba: qué podría aportar a personas con experiencia profesional y recorrido vital mucho más amplios y ricos que el mío. Me preocupaba especialmente la temática de la materia: un tema tecnológico, demasiado específico, poco transversal: ¿qué interés tendría para ellos aprender sobre minerales, rocas, petróleo o gas?, ¿aportaría este conocimiento algo a su vida profesional o personal?
En estas circunstancias, es decir, con estas incertidumbres, diseñé la materia, diseñé el túnel.
La siguiente fase fue poner en práctica lo que había diseñado: impartir la docencia. El día a día en el aula. La fase equivalente a excavar, sostener y equipar el túnel para obtener un hueco seguro y estable. A veces el terreno es de muy buena calidad y no es necesario sostenerlo. Otras es necesario colocar elementos de sostenimiento en el terreno, empleando tecnología conocida (hormigón, cerchas metálicas, anclajes…). Lo que no es tan conocido es un principio que se emplea en la construcción de túneles: contar con la capacidad resistente del terreno para contribuir a la estabilidad de la excavación.
De la misma forma, el éxito en el aula depende en gran medida de que el proceso tenga al alumno (al terreno) como aliado, como elemento que sustenta capacidad, interés y valores.
Y éste ha sido, en mi opinión, el elemento clave de mi experiencia como docente en este programa: el alumnado y su capacidad para implicarse en el aula. Un terreno de gran calidad. Calidad independiente de su nivel académico y extracto social.
Desde el primer día en el aula mis temores iniciales desaparecieron: encontré un grupo de personas, mis alumnos, enormemente receptivos, participativos, educados. Muy afectuosos. Con diferentes valores personales: personas generosas, alegres, personas rigurosas, perseverantes, otras con habilidades sociales o de comunicación, personas tolerantes, pacientes. Y personas críticas, lúcidas.
Pero sobre todo encontré personas con interés e inquietud por comprender el mundo, nuestro mundo, curiosidad que se materializó en la realización de muchísimas preguntas, de todo tipo. Desde qué es el fracking hasta cómo se fabrica un diamante artificial, cómo se almacena el dióxido de carbono, cómo se detecta el grisú o qué es una concesión minera, por poner algunos ejemplos. Tantas preguntas, que se invirtió el orden, digamos tradicional, en el que, al terminar la clase, el profesor encarga trabajos o tareas a los alumnos. En este caso fui yo, la profesora, la que se llevó día tras día tarea para casa: preguntas y cuestiones para las que necesitaba preparar material o revisar documentación. Estas preguntas supusieron para mí como docente un regalo. Para un profesor no hay mayor incentivo que percibir que los alumnos responden a sus iniciativas, cuestionan, interpelan, reflexionan… y preguntan, actitud que a veces me cuesta encontrar en mis otros alumnos, los de veintidós años.
Esta actitud, la del deseo de seguir aprendiendo, de mantener el túnel abierto, ha supuesto para mí una lección de vida. Me la han trasmitido mis alumnos, personas mayores, con su ejemplo, con esa paciencia que recordaba de mi infancia. Sin estridencias. Con una sonrisa.
Pero esta actitud, intuyo, también requiere esfuerzo y voluntad. Requiere trabajo. Actitud a la que, en mi opinión, tenemos que, en justicia y como sociedad, dar respuesta, proporcionando las herramientas adecuadas para atender esa voluntad de aprender. Una de las formas de responder, de contribuir a construir el túnel, el de cada persona, el que permite seguir aprendiendo, es en mi opinión el Programa para Mayores de las universidades.
Y es esa actitud, la de todos y cada uno de mis alumnos, el motivo por el que forman parte ya de mi patrimonio personal emocional y constituyen para mí un referente de proyecto vital.
El símil de la construcción del túnel proporciona dos ideas más. La primera: para garantizar la operatividad de un túnel es necesario realizar una operación adicional y mantenida en el tiempo: el mantenimiento. La segunda: se puede construir un túnel prácticamente en cualquier tipo de terreno. En un terreno difícil llevará más tiempo, tendrá un coste superior, será necesario emplear tecnología más específica…Pero se puede. Igual que se puede, siempre, aprender. Sin límite de edad. Porque recuperando una idea de Ángel Gabilondo [1], las personas no dejamos de aprender cuando envejecemos sino que envejecemos cuando dejamos de aprender.
Como conclusión, diré que ésta ha sido una de las vivencias más enriquecedoras y gratificantes en más de 20 años como docente. En un momento de mi vida en el que, el tiempo, la edad y la experiencia amenazaban con convertir mi trabajo como docente en algo peligrosamente rutinario, esta experiencia me ha devuelto la mirada ilusionada de un niño. Mis ojos siguen bien abiertos. Y tengo la sospecha y esperanza de que mis otros alumnos, los menos mayores, también sentirán este cambio.
Elena Alonso Prieto es profesora de la materia “Recursos minerales: usos y explotación sostenible” del Programa Universitario de Mayores de la Universidad de Vigo
Documentos consultados en la elaboración de ese documento:
[1] Nuestros mayores. Blog “El Salto del Ángel”. http://blogs.elpais.com/el-salto-del-angel/2012/04/nuestros-mayores-1.html. Abril 2012.
[2] “La participación social de las personas mayores”. Ministerio de Educación, Política Social y Deporte. Colección Estudios Serie Personas Mayores N.º 11005































































