Crecer envejeciendo: un problema de gestión biográfica (V)
Consecuencias sociales de crecer envejeciendo

D. ENRIQUE POZÓN LOBATO.
Catedrático (jubilado)
Doctor en Ciencias de la Educación
Podemos decir sin temor a equivocarnos que ya somos muchas las personas mayores que aplazamos el periodo temporal de nuestra existencia, como si nos resistiésemos a morir. Ello desemboca en la necesidad de saber crecer en el marco de la vejez. Es un hecho cierto que las personas mayores viviremos más años, como consecuencia, entre otras causas, de la mayor esperanza de vida al nacer y de la mejora que se está produciendo en la sanidad, en los servicios sociales para mayores, y en la calidad de la alimentación y hábitos de vida. El incremento del número de personas mayores tiene su fundamento en el comportamiento de determinados índices demográficos. Si a principios del siglo XX, la esperanza de vida al nacer, era de 45 años para el hombre y 48 para la mujer, en la actualidad es, de 78,1 años para el hombre y 84,37 para la mujer. Y la esperanza de vida una vez superado el umbral de los 65 años, se prolonga 17,82 años más para los hombres y 21,81 para las mujeres. Ello significa, que al hombre le quedan 17,82 años por vivir – 82,82 años de esperanza de vida – y a la mujer 21,81. – 86,81 años de esperanza de vida -. Según las Naciones Unidas, en 2050, nuestro país será el más viejo del mundo, con un 31% de la población que superará los 65 años.
El vivir demasiado en un mundo no diseñado para crecer envejeciendo, puede llevar a tragedia. La prolongación de la esperanza de vida ha supuesto un problema inédito de gestión biográfica, ya que la vida estaba pensada hasta la época de la jubilación. Curiosamente, cuando en 1889 la legislación social de Bismark, estableció la jubilación como un derecho, pocas personas llegaban a ella, y menos, todavía, de tener la oportunidad de disfrutarla. Crecer envejeciendo ha obligado a inventar nuevas edades o etapas vitales – tercera y cuarta edad; y enfrentarse al reto de dar solución a una variedad de problemas como: la feminización del envejecimiento”; “la jubilación”; “la resocialización o reinterpretación del significado del recorrido; la soledad; y la dependencia.
Feminización del envejecimiento
Debido al aumento de la esperanza de vida de las mujeres respecto a los hombres, la población mayor es cada vez más femenina. Pero hacerse mayor no es lo mismo para los hombres que para las mujeres, ya que la sociedad tiene diferenciados los roles, los papeles, femeninos de los masculinos. A la discriminación a causa de su condición de viejas, se agrega aquella, producto de las desigualdades de género, entendiendo como tal el “sexo socialmente construido”. A partir de diferencias sexuales, se construye una división cultural, es decir, un conjunto diferenciado de prácticas, ideas y discursos. Posiciona en un lugar desfavorable a la mujer en comparación con el hombre, ya sea en lo laboral, personal o reproductor.
Jubilación
La jubilación es la causa del deterioro social y moral de la persona mayor. En lo social, por imperativo de la norma, se impone a los mayores una situación de inactividad después de la vida laboral, que las hace perder todo papel propio que ejercer. Y sin un quehacer propio, se carece de toda función social. Y también un deterioro moral, ya que la suspensión de las propias actividades específicas, implica un cese de responsabilidad ante los demás y ello acarrea una pérdida de la propia identidad personal. Su hueco vacío es ocupado por la identidad colectiva pasiva que hoy se atribuye a las personas mayores, socialmente definida como etiqueta vergonzante.
Resocialización
Lo anterior desemboca en la necesidad de resocialización, entendiéndose como tal el proceso que reconstruye las relaciones sociales rotas, después de unos años del desempeño de determinados roles – padre, madre, marido, esposa, trabajador/a, etc. -, que obliga a aprender las obligaciones y derechos de las nuevas situaciones de abuelo/a, viudo/a, jubilado/a. Lo peligroso para la persona mayor es mantener una postura rígida frente al cambio, defendiendo la estabilidad como mecanismo de seguridad. De ahí la importancia de la educación para aceptar los valores de las personas pertenecientes a otro grupo de edad, aunque subjetivamente no los considere como propios, adaptándose a los cambios, a través de un proceso de sustitución, reemplazando las actividades perdidas por otras nuevas.
Soledad
La vejez es uno de esos momentos en los que, con más facilidad, podemos experimentar la soledad. Cuando una persona busca a alguien y descubre que nadie está disponible para ella, que nadie satisface sus necesidades, que nadie se ocupa de ella, que a nadie importa directa y verdaderamente, o que no hay nadie buscándola o esperándola, manifiesta una sensación de vacío y de falta de algo. La soledad es una de esas situaciones de vulnerabilidad, marginación y posible exclusión, en que viven un 8% del total de personas mayores, que difícilmente elevarán su grito y exigirán la satisfacción de sus necesidades, debido a la fragilidad en que se encuentran.
Dependencia
A partir 65 se utilizan dos nuevos conceptos: “años independientes de la vida” y “la cuarta edad”. El primero hace referencia al aumento del número de personas mayores autónomas que requieren acciones que fomenten su libertad y un adecuado nivel de actividad. El segundo o “cuarta edad” es consecuencia de la mayor longevidad, con un aumento del número de personas mayores en situación de dependencia funcional, ese grupo que ha dejado de ser autónomo. El apoyo y ayuda, se hacen indispensables. En el año 2010, 2.352.797 personas tenían problemas para mantenerse de forma autónoma. No tenemos que olvidar que lo más importante que la longevidad precisa, es la calidad de vida. Si una persona vive 100 años, pero sus 20 últimos lo pasa en una cama, no estamos hablando de avances en los mecanismos de prolongación de la vida.
































































